De Interés: ¿Aprenderemos o seguiremos igual? (María Elena Araujo Torres)

De Interés: ¿Aprenderemos o seguiremos igual? (María Elena Araujo Torres)

Muchas personas coinciden en la presunción de que esta situación que estamos viviendo la mayoría de los habitantes de la tierra debería enseñarnos a reconsiderar nuestras conductas de prepotencia, falso complejo de superioridad, de irrespetuosos, derrochadores, entre otras.
Nadie sabe si esto ocurrirá, si las personas que usualmente acentúan esos comportamientos realizarán la introspección necesaria para reconocerse, mirar su proceder en un espejo y ver realmente esos grandes defectos que desde el inicio de la historia de la humanidad han sido causantes de los grandes males que hoy nos afectan.
Y decimos “acentúan esos comportamientos” porque resulta que la mayoría de las personas tenemos esas semillas dañinas aunque sea tan difícil reconocerlo. Por lo general suponemos que somos humildes, respetuosos, amables, economizadores, prudentes, pero no necesariamente es así. Una cosa es como creemos que somos y otra como realmente somos.
Las pruebas las tenemos a diario, sobre todo ahora que obligatoriamente debemos estar “encerrados” con los integrantes de la familia, quienes tenemos la buena fortuna de tenerlos cerca. Estar con la familia es una de las pruebas más difíciles. Las diferencias entre los integrantes se acentúan cuando permanecen más tiempo juntos, como si fuera una especie de prueba para romper abruptamente las relaciones y enemistarse, o aprender a tolerar, entender al otro, a tener paciencia, a conversar para entenderse. Algunos de esos dos caminos han de seguirse. Si tomamos en cuenta que los lazos familiares son casi imposibles de romperse entonces habría que hacer constantemente la reconsideración de dar los primeros pasos para rescatar y mantener buenas relaciones que redunden en un ambiente más calmado y armonioso para cada integrante.
En cuanto a las “lecciones” que tendríamos que aprender y practicar para hacerlas permanentes, serían la humildad. Preguntarnos si realmente somos humildes o solo lo aparentamos para caer bien a la gente. O en nuestra mente creemos que somos superiores al resto de las personas pero debemos evitar demostrarlo, para pasar como uno más de los seres humanos que nos acompañan en este transitar por las vivencias diarias.
Somos respetuosos, amables, o sencillamente nos hacemos los locos cuando toca ceder el paso a otra persona, ya sea a pie o en automóvil. O hacemos que miramos hacia otro lado para evitar saludar cuando pasamos cerca de algunas personas que conocemos o no.
Somos prudentes o sencillamente nos importa bien poco que otras personas también tienen necesidades “humanas” como nosotros, que necesitan se respete la cola para poder comprar, los espacios para transitar o el ambiente donde habitan donde los ruidos contraproducentes (por ejemplo) pueden afectar a personas mayores, enfermos o niños lactantes que requieren ambientes calmados y sin ruidos estruendosos.
Realmente economizamos en el hogar (por referir el ambiente más cercano) o somos derrochadores sin pensar que existe mucha gente que necesita ropa o alimentos para vivir. Cuantas personas tienen guardada ropa que nunca han usado y si han usado la guardan sin analizar que hay quienes necesitan vestirse y no tienen dinero para comprarla. Y en cuanto a los alimentos, cuánta comida se bota en algunas casas porque se olvida guardar o se guarda para luego olvidar, porque a los integrantes de la familia no les gusta mucho o sencillamente no quieren repetir el menú.
Aún con todas las dificultades que estamos pasando la mayoría, observamos la falta de empatía, tolerancia, prepotencia, en gente que sale a obtener alimentos o a realizar compras. Comportamientos que si no se reconsideran y decidimos cambiar o transformar para ser más virtuosos entonces habrá valido bien poco el encierro forzado para evitar enfermarse. Si no curamos nuestro comportamiento mental y conductual entonces seguiremos enfermos sin remedio hasta que decidamos curarnos.
María Elena Araujo Torres

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