Crónica: Sopa de cueritos para el almuerzo

Crónica: Sopa de cueritos para el almuerzo

Cortesía / Crónica.Uno

Hoy me dispuse a salir de mi encierro en busca de alimentos, con tarjeta en mano y armada hasta los dientes, «me bañé en antibacterial «, me coloqué mi tapabocas y salí a la calle.

Eran las 9: 30 de la mañana, el sol brillaba intensamente, algo que mis ojos percibieron de inmediato, luego de cuatro días de aislamiento voluntario no me acordaba que tan vibrantes son los colores al aire libre.

Recorrí cinco tiendas distintas, entre las verduras y la carne, mi ansiedad aumentaba cada vez que me daba cuenta que los 500 mil bolívares que llevaba en mi tarjeta no alcanzarían sino más que para un kilo de papas , medio de carne molida y un kilo de arroz, no conseguí ninguna «oferta» que bajara los 100 mil.

Luego de hacer una cola de media hora fuera del local y 10 minutos para pagar, salí con mis papas de la frutería, mi siguiente parada era una carnicería a unas pocas cuadras, el cansancio me mataba lentamente las ganas de seguir caminando, el calor y el tapabocas sofocaban mi respiración y no veía la hora de volver a la comodidad del hogar.

En la carnicería la cola era muy corta y se movía con rapidez, pues cada comprador apenas salía con una bolsa pequeña con la proteína de su preferencia. » Tienen que esperar, se cayó la conexión «, repicó detrás del mostrador la cajera, luego de reiniciar el punto de venta después del bajón.

Cuando solo faltaban dos personas para pagar, pido mi carne y comienzo a sacar cuentas mentalmente de lo que me queda, 20 mil bolívares eran suficientes para comparar cueritos para la comida de mis perritas, comprar para ellas también resulta una odisea a la hora de pensar en prioridades.

Una señora que estaba detrás de mí se dio cuenta de la bolsa medio amarillenta de carne y pellejos y pronunció una frase que dejó a más de uno boquiabierto. «¡ay, esos cueritos están buenos para una sopa!».

Toda la fila de viró hacia ella, ni el olor, ni el aspecto de la bolsa resultaba apetitoso a la vista, pero en su realidad era lo ideal, con solo 50 mil bolívares en efectivo en mano, la señora en la cola apostaba a la buena fe de los empleados para despacharle esa cantidad en carne.

Como el punto de venta seguía caído, la señora se aproximó a la caja, pagó con un billete y salió con su bolsa de cueritos en mano. 15 minutos después, salí de la carnicería y mientras recorría la avenida principal rumbo a mi casa, logré visualizarla a la salida de la frutería con una papa y unas ramas de cebollín y cilantro.

Para muchos eso sería una comida de perros, para ella eso era su almuerzo y sustento del día.

 

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Any Vargas
Noticia al Día