La Gladiadora, Cuarentena en primera persona

La Gladiadora, Cuarentena en primera persona

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GiraEnLaRed Noticias

Las recomendaciones de los expertos y de los no expertos que hoy abundan y tomamos como ciertas por aquello de que «ni de vaina», indican que en cada hogar se debe escoger un gestor o comprador designado. En mi caso es mi mujer a quien he llamado La Gladiadora.
Esta persona que se lanza a la calle a buscar las provisiones, los alimentos, los medicamentos y esas cositas que se nos antojan mas cuando estamos limitados, debe cumplir con un protocolo de seguridad al que ya estuvieron familiarizados aquellos feligreses de Neflix que vieron Chernobil.
Pues bien, La Gladiadora de esta casa se lanza al peligro de la calle con nuestros querido yerno, Juan. Antes de salir se arremanga: tapaboca, guantes, lentes y una bombonita con rociador de desinfectante, cloro o legía y agua.
Sale ella con esa fortaleza que le voy a envidiar toda la vida. Valiente mira el estado de las cuentas, ha los cálculos de los gastos y de la balanza de pagos. Conversan sobre los destinos porque se debe aprovechar cada mililitro de gasolina. Una vez estrucuturada la bitácora mentalmente, abren el portón y salen a las calles desertícas y mustias de una ciudad donde, lo que menos pudimos imaginar, era que se nos fuera a acabar el bullicio.
Yo la veo y siento tanto amor por ella hasta conmover. Evito mirarla a los ojos porque me iría en lágrimas. Ella sale a la calle arriesgan su vida por este nido donde ambos vivimos y cuidadamos de Maria en sus primeros meses de gestación.
Ella es mi Gladiadora. Nadie mejor que yo puede saber a los peligros que le aguardan afuera y a los que debe enfrentar y, en cada caso, eludir, evtar.
Cómo podíamos imaginar un tiempo donde tendríamos que torear a las personas, alejarnos de ellas, despreciar los abrazos y quedarnos con las ganas de darle un beso en la mejilla a esa persona que queremos.
Otro monstruo al cual La Gladiadora enfrenta es la especulación, la desencadenada fiebre de hacerse ricos en 40 días y dos noches. Como mujer venezolana, La Gladiadora sabe como moverse en esas aguas movedizas.
Cuando ella está afuera – como en este momento – pienso en ella, recuerdo que en un tiempo supe orar, supe pedir a Dios y siempre me supe escuchado, entonces, elevo una oración y pido por ella, porque no la embosquen los peligros, porque el Ánge de Jehová acampe a su alrededor, porque a su lado caigan las flechas, la peste destructura y el ala de ese Ängel maravilloso me la cubre, me la protege.
Entoces Mi Gladiadora llega. Suena la bocina del auto del yerno. Entran y van a seguir con la rutina de limpieza y control. Yo la miro desde esa inmensa distancia de un metro y medio. Ella no sabe que he llorado pidiendo por ella. En la noche al acostarnos, acurruco su cabeza en mi hombro, la beso y agradezco a Dios por haberme dado la mujer valiente, La Gladiadora de mi vida y mis sueños.
TC