Puntadas que unen lazos de generación en generación

Puntadas que unen lazos de generación en generación: La historia de Wolfang Larreal

Puntadas que unen lazos de generación en generación: La historia de Wolfang Larreal

Puntadas que unen lazos de generación en generación: La historia de Wolfang Larreal. Foto: Leonel Sandrea

Wolfang Larreal, es un sastre maracaibero que cuenta cómo a través de las puntadas de una aguja, ha cosido todos los lazos de su vida. 53 años reviviendo el guardarropa de los maracaiberos

Con solo 9 años de edad, el pequeño Wolfang Larreal ayudaba en la sastrería de su padre, el señor Darío Soler. Buscando hilos, agujas, botones, dedales y retazos, el acucioso niño aprendió el oficio a punta de mandados.

Cuando cumplió sus 16 años tomó mas presencia en el taller de costura, absorbiendo conocimientos de su progenitor y de quien él considera el mejor sastre de la ciudad: Fidias Sallie, quien según Wolfang, es capaz de hacer un «paltó», pantalón, camisa y chaleco, solo con la medida de la cintura del cliente.

«Aquí se hace de todo, menos muchachos, porque ya se hicieron», alega Larreal en tono jocoso, ya que en su sastrería ubicada en la calle 95 del casco central de Maracaibo, se cosen botones, se «agarran» ruedos, se cambian cierres y hasta se hacen trajes desde cero.

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En los años dorados de la gaita de antaño, Wolfang confeccionó los trajes de la agrupación Pillopo, llegó a vestir a Luis Escaray y al «Parroquiano» Astolfo Romero, cuando cantaba con parranda gaitera. Curiosamente, en su casa el costurero «larga el forro», pues las pilas de ropa se acumulan por montones al rededor de su taller.

Puntadas que unen lazos de por vida

Wolfang  mantuvo a los cinco hijos que tuvo, gracias a las incontables horas que pasa delante de una máquina. Hoy en día, uno de ellos, con el mismo nombre que él, siguió sus pasos y lo ayuda en el talle, la confianza y las bromas entre ellos no faltan. Si llegas al local preguntando por un sastre, Wolfang padre te responderá que su hijo es el sastre y él es el «desastre».

Foto: Leonel Sandrea

El hombre de 62 años, hoy nos cuenta que la honestidad con el cliente es la clave del éxito, humildemente Larreal asesora a su clientela como si se tratara de su familia. «Cuando vienen a buscar las prendas a uno les dicen, -¿quedó bien?-, yo les digo probátelas, mientras que la mayoría de los sastres te dicen que te queda perfecto. Porque yo te puedo decir que quedó bien, que es lo lógico, pero la honestidad es lo que vale», comentó el costurero.

Para él, las mejores telas para un pantalón son el dacrón y gabardina, pero el experto en costura reafirma que todo se basa en el gusto del cliente. «Si son muy jovencitos piden puros Jeans», añadió.

La crisis no le ha pegado tan duro, porque si bien Wolfang tiene que pasar por las mismas vicisitudes de todos los maracaiberos con respecto a los servicios públicos, el ocurrente sastre cuenta que se bandea la vida reviviendo la pasarela de toda la ciudadanía.

Aunque la inversión en su trabajo es grande, Larreal comenta que cada carrete de hilo le cuesta 90 mil bolívares, pero según sus cálculos, con él se pueden hacer fácilmente hasta mil ruedos. Los cierres los compra en 20 mil y los coloca en 30 mil.

 «Yo soy el que cobra más barato«, comentó el costurero riendo, como tiene mucha competencia, Wolfang dice que gana mas pidiendo menos. Comentó que curiosamente el 30 y 31 de diciembre del año pasado los pedidos llegaron por montón.

«Ahora hay más gente reparando ropa, prefieren reparar, es más económico», dijo Larreal, sin embargo, aseguró que por cuestiones de dinero la proporción de los pedidos ha disminuido. Aseguró: «Antes, en diciembre se hacían 60 pantalones, ahora se hacen seis, aproximadamente».

Pantalones que rompen matrimonios

Los cuentos entre las telas no se hacían esperar. Mientras trabajaba frente a su preciada máquina, Wolfang relató el pedido de unos pantalones que rompieron un matrimonio.

«Un día vino un señor a hacerse dos pantalones con cortes muy extraños, era la tela más fea que yo había visto; pero cara,  tanto así que hasta regalada era cara».

Foto: Leonel Sandrea

Continuó: «El tipo llegó con una advertencia, su mujer le había dicho que si se hacía esos pantalones lo botaba de la casa». Aun así, él se los hizo, quería tener algo distinto, pero a lo que los vio sacó uno porque no le gustó a él tampoco, es que eran feos», comentó a carcajadas.

Su especialidad es la ropa de caballeros. Wolfang pide las telas, el cierre y el botón, y por solo 300 mil bolívares te hace un buen pantalón, en las paredes de su negocios expuestos está el figurín, si te haces un traje con él, quedará como el del maniquí.

El sastre comentó que todo lo cobra en efectivo, para poder comprar la comida más barata. Cuando reúne lo suficiente aprovecha su cercanía con los mercados populares y se va a hacer compra. Destacó que le resulta mejor así, porque mientras que el arroz por punto se consigue en mas de 100 mil, en mercados como Las Pulgas vale 50 mil,

El costurero finalizó diciendo que Dios le ha dado fuerza para seguir con el oficio, al igual que su hijo que sigue sus pasos del mismo modo que él con su padre.

 

Any Vargas

Noticia al Día

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