HAY AMORES… (Eduardo Enrique)

HAY AMORES… (Eduardo Enrique)

Hay amores románticos, simpáticos, locos, melancólicos, ladrones, fantásticos, malcriados, juguetones, tímidos e incomprensibles:

Hay amor como el de Dios, es el primer amor lleno de fe, Dios te ama aunque conoce todas tus faltas. Su amor no tiene límites y Él está listo para perdonar y restaurar.

Hay amor como el de una madre, ese amor para toda la vida, único y eterno que hasta después de muertos seguimos teniendo.

Hay amor como el de un padre, ese héroe que con temple y sabiduría nos guía hasta más allá de la vida.

Hay amor como el de un hijo, que tiende sus brazos para juntos caminar y vivir felices a través de los años.

Hay un amor propio, es quererse, valorarse y respetarse a uno mismo.

Hay amores como la familia, esa que te ve crecer y está allí para acompañarte y quizás a los años reprocharte porque te ven beber el mejor vaso de vino para la vejez.

Hay amores platónicos por efímeros, falsos e inalcanzables.

Hay amores de la juventud que aún se recuerdan como aquella eterna melodía desencadenada llena de vivencias, querencias e idilio, sueño eterno de reconcilio.

Hay amores fugases de solo ir al cine o a comer helados, solo se ven por una semana y de la noche a la mañana se esfuman por una simple encrucijada: ¿Tu Trabajo o Yo? Tú decides… Aun ese amor quizás espere la respuesta pero la ausencia y el tiempo se han encargado de ello.

Hay amores que son sueños que regresan de aquel pasado de niñez, magia y color para durar años, convivir y aprender, pero de pronto los celos acaban con todo, Aquí quien sale sobrando soy yo, se dicen.

Hay amores que aunque se cree que fueron amores, llegaron a ser simples aventuras y hasta un si te he visto, ni me acuerdo.

Hay amores que así como llegan los disfrutas más allá de lo esperado, pero el tiempo, las distancias y las circunstancias te enseñan que es mejor una amistad, a un amor, para aún asi tenerles en nuestra vida con el mejor consejo.

Hay amores donde todo comienza color de rosa, ambientados con la melodía de un “Amigos y Amantes de Carlos Moreno” o un “Simplemente Amigos de Ana Gabriel” pero que terminan siendo más oscuros que la noche llevándose consigo toda la energía para acabar enseñándote que al esperar siempre lo peor, nada te sorprende.

Hay amores con sabor a chocolate, dulce y amargo a la vez, te lo comiste en todas sus presentaciones y de todas las maneras inimaginables, llegándote a causar dolores de cabeza que acabaron porque su fecha de vencimiento se cumplió.

Hay amores ancestrales, abrazadores, que llegan de otras tierras llenos de paz, tranquilidad con besos de felicidad, pero de pronto, preocupan demás y no se comprenden, siendo el extrañar una necedad e intensidad total. Son esos los amores que acaban por una sola palabra: “Tengo que enseñarte a que no me extrañes tanto”, lección a la que solo el tiempo dará la calificación.

Hay amores que se conocen, se casan, jurando ante Dios amarse, quererse y cuidarse pero al año se divorcian para siempre.

Hay amores que se casaron, quizás con los años se volvieron costumbre pero llevan más de 50 años de casados y todavía se hablan como el primer día.

Hay amores que están globalizados, tienen la corona de la diáspora, que encontró por internet su solución para seguir en línea conectados con las familias venezolanas y donde muchos solo han probado los besos virtuales que la buena conexión habrá permitido enviarse.

Hay amores criollos, preparados con la receta del pabellón, representando en ellos a las tres grandes culturas: europea, indígena, africana, que han dejado su huella a lo largo de la historia venezolana.

Hay amores regionalistas, chiquinquireños, caprichosos, egoístas, donde se ve la hermosura del lago maracaibero al ritmo de nuestra gaita zuliana y es que como dice Don Pedro Colina “Se me infla el pecho de orgullo al saberme maracucho”.

Hay amores que son tu mundo, tu pensamiento, tu mejor momento y tu verdad, como lo cantó Camilo Sesto: “Mi Mundo Tú”

Hay amores que eternamente son y serán un secreto, que deciden seguir otros caminos por el bien de todos, siendo en la distancia aquel amor secreto.

Hay amores que matan, son cariños que duelen con sentimientos que hieren y al dejarles sientes que mueres, por lo cual les buscan, les siguen y les quieren sin razón aparente.

Hay amores que son un escándalo, viven entre penumbras donde es testigo la luna, porque evitan el qué dirán.

Hay amores que viven más allá de las cuatro estaciones, se vuelven resistentes a los daños como el vino que mejora con los años.

Hay amores libres que se besan despacio y ahogan juntos el placer de liberarse y entregarse sin barreras, sin fronteras.

Nadie sabe dónde está, nadie sabe dónde vive, su apellido, ni su edad, por eso y por lo que estás pensando, Simplemente en la vida Hay Amores…

EBF

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