Hace 162 años La Inmaculada se le apareció a Santa Bernadette cuyo cuerpo sigue incorrupto

Hace 162 años La Inmaculada se le apareció a Santa Bernadette cuyo cuerpo sigue incorrupto

ne de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia del Señor Dios y en atención a los méritos de Cristo-Jesús.

En la aparición, la Señora se presentó con las palabras «Yo soy la Inmaculada Concepción», frase que parece una extensión de la tradición joánica. En efecto, en el Evangelio de Juan, Jesús se presenta con el nombre «Yo soy» (por ejemplo, Juan 8, 24.28.58; Juan 13, 19), al que a menudo completa con un predicado que cualifica su persona y su misión: «Yo soy el pan de vida» (Juan 6, 35.48), «Yo soy la luz del mundo» (Juan 8, 12); «Yo soy el buen pastor» (Juan 10, 11.14); «Yo soy la resurrección y la vida» (Juan 11, 25); «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Juan 14, 6); «Yo soy la vid verdadera» (Juan 15, 1). Jesús se presentaba así como aquel en quien se realizan los bienes esperados.5​ En Lourdes, María —en la tradición del Evangelista San Juan— se presenta a sí misma como aquella «llena de gracia» en quien, según la Iglesia católica, se realizaron —en atención a Jesucristo— las maravillas de Dios: «Yo soy la Inmaculada Concepción».

El agua del manantial

El manantial de agua encontrado por Bernadette por indicación de la Virgen resultó ser fuente de numerosos hechos extraordinarios. El agua fue analizada por laboratorios independientes, que no encontraron ningún elemento extraño: es agua potable similar a cualquier agua de los Pirineos: si bien posee un alto contenido en sales minerales, no contiene nada fuera de lo ordinario que justifique los milagros que se le atribuyen: la curación de enfermos crónicos, o incluso terminales…

De hecho, en Lourdes se puede consultar el archivo de las curaciones.6​ Los estudios son llevados a cabo minuciosamente por «Le Bureau des Constatations Médicales» y «Le Comité Médical International de Lourdes».

El santuario y la talla de la Virgen

Estatua de la Virgen de Lourdes colacada en el mismo nicho de la gruta donde Bernadette aseguró haberla visto.
En ese lugar se levantó el Santuario de Lourdes, donde desde entonces han ocurrido numerosas curaciones inexplicables para la ciencia (ver Repercusiones en la actualidad). La talla de la Virgen colocada en la gruta fue esculpida por Joseph Hughes Fabisch (1812-1886), profesor de la Academia de las Ciencias, las Artes y las Letras de Lyon, entre fines de 1863 y comienzos de 1864.

En referencia a la Virgen, Bernadette solía decir: «Jamás he visto mujer tan hermosa». El artista debió realizar distintas correcciones a su obra, en la que Bernadette no reconocía a la «Señora» de las apariciones. Ya en otras ocasiones, ante los modelos de estatuas sobre los que se le había pedido su opinión, Bernadette había exclamado: «¡Madre mía, cómo se os desfigura!» Cuando vio la imagen terminada que representaba a la Inmaculada Concepción esculpida en mármol de Carrara, Bernadette dijo: «Sí, ésta es hermosa… pero no es Ella».

En efecto, la estatua —siguiendo los cánones estéticos de su época más que las indicaciones de Bernadette— no reflejaba la sonrisa, la sencillez, la humildad, la belleza y la naturalidad que Bernadette señalaba tenía la Virgen. De hecho, a Fabisch se le olvidó incluir el rosario de la Virgen, que fue añadido más tarde. Dijo la santa: «Tenía un rosario como el mío», por eso las primeras estatuas producidas en Lourdes tenían un rosario de 6 decenas como el de Santa Brígida que usaba la vidente. A la estatua se le añadió uno de 5 decenas.

«La Inmaculada Madre de Dios se ha aparecido»

Retrato de Bertrand-Sévère Laurence, obispo de Tarbes, realizado en 1860.
El último interrogatorio ante la comisión eclesiástica presidida por Bertrand-Sévère Laurence, obispo de Tarbes, tuvo lugar el 1 de diciembre de 1860. El anciano obispo terminó emocionado, al repetir Bernadette el gesto y las palabras que la Virgen hiciera el 25 de marzo de 1858: «Yo soy la Inmaculada Concepción».

El 18 de enero de 1862, el anciano obispo de Tarbes publicó la carta pastoral con la cual declaró que «la Inmaculada Madre de Dios se ha aparecido verdaderamente a Bernadette».

Ingreso al convento de Nevers

Tras las apariciones, a partir del 15 de julio de 1860, Bernadette fue acogida en el hospicio por las religiosas Hermanas de la Caridad de Nevers. Bernadette dejó la casa y permaneció como enfermera dos años entre ellas (1861 y 1862).

En agosto de 1864 solicitó ser admitida en la Comunidad de Hermanas de la Caridad de Nevers y en julio de 1866 comenzó su noviciado en dicha congregación.

En septiembre de 1866, el asma del que siempre había padecido se agravó. El 25 de octubre recibió la unción de los enfermos y, al agravarse la enfermedad, pronunció los votos in articulo mortis. Sus fuerzas estaban al límite de modo que, al no poder pronunciar la fórmula, Mons. Forcade la pronunció en nombre de ella. En 1867 se recobró, y el 30 de octubre de ese año hizo su profesión religiosa de las manos de Mons. Forcade.

Estadía con las Hermanas de la Caridad de Nevers

La escena de su profesión religiosa, concertada con la superiora, madre Josefina Imben, se hizo famosa. Mientras que todas las novicias, después de la profesión, recibieron el crucifijo, el libro de las constituciones y la carta de obediencia, Bernadette no recibió nada. La madre Josefina dijo, explicándose: «No hace nada bien».​ Entre las monjas, Bernadette sufrió no sólo por su mala salud, sino también porque la superiora no creía ni en sus visiones ni en sus dolencias. Desde octubre de 1875, la historia de Bernadette se confunde con la historia de sus enfermedades.

​ La joven Bernarda cojeaba y fue reprendida varias veces. Incluso la priora no la dejaba salir de su celda, pues decía que quería llamar la atención. En diciembre de 1877 se vio precisada de guardar cama por dolores en una rodilla. En febrero de 1878 tuvo una recaída de asma y sufrió vómitos de sangre.

A partir de diciembre de 1878 permaneció definitivamente en cama. La realidad era otra de la que suponía la madre superiora: Bernadette sufría de un tumor en su pierna, más concretamente, de tuberculosis ósea diagnosticada en último estudio, extremadamente dolorosa.

No por ello había cejado en su trabajo: se había dedicado a ser enfermera y sacristana durante los nueve años que compartió con las hermanas de la Congregación, hasta que no pudo más por los agudos ataques de asma y la enfermedad que padecía.

Muerte e incorruptibilidad de su cadáver

Poco tiempo antes de morir, llegó un obispo que iba camino de Roma. Bernadette escribió una carta al papa para que le enviara una bendición. El obispo llevó la carta a Roma y, al regresar de la Santa Sede, le trajo una especial bendición de León XIII y un crucifijo de plata que le enviaba de regalo; era el 15 de abril de 1879. Toda esa semana, Bernadette había sufrido mucho, por las llagas de decúbito. Al día siguiente, el 16 de abril de 1879, con apenas 35 años, murió a las 15:15 horas. Sus últimas palabras fueron: «La he visto otra vez… ¡Qué hermosa es! Madre, ruega por mí que soy pecadora».

Los funerales de Bernadette fueron notables. Las palabras que corrieron en boca de todos fueron: «La santa ha muerto».4​ Inhumada en la capilla de San José de la casa madre, asistió una inmensa muchedumbre llegada de toda Francia.

El proceso diocesano sobre la heroicidad de sus virtudes se abrió el 20 de agosto de 1908. El 2 de septiembre de 1909, su cadáver fue desenterrado y hallado en perfecto estado de conservación; no obstante, el crucifijo y rosario que llevaba en las manos se encontraron cubiertos de óxido. El 25 de agosto de 1913, Pío X inició el proceso de beatificación en Roma que, retrasado por la Primera Guerra Mundial, se reanudó el 17 de septiembre de 1917. El 14 de junio de 1925, Pío XI proclamó beata a Bernadette.

Urna de bronce y cristal donde se conserva el cuerpo de santa Bernadette Soubirous.
En el año de su beatificación se realizó una segunda exhumación del cuerpo que seguía sin descomponerse (incorrupto),9​ aunque con manchas y decoloración en la piel, probablemente como resultado de su exposición al aire durante los cuarenta y seis años posteriores a su entierro. Por ello, con un molde del rostro y fotos de la religiosa, la empresa de Pierre Imans fabricó tenues cubiertas de cera para el rostro y las manos que le fueron colocadas antes de su traslado al convento de Nevers el 25 de junio.10​ Luego el cuerpo fue ubicado en la capilla que hoy lleva su nombre, perteneciente al antiguo convento de San Gildard de Nevers, y depositado en un relicario de cristal, donde es objeto de visitas y peregrinaciones hasta hoy.

Wikipedia

 

No olvides compartir en >>