Luis Ugalde: “La rebelión es el malestar social”

Luis Ugalde: “La rebelión es el malestar social”

Foto: Giovanna Mascetti / RMTF

Luis Ugalde, sacerdote jesuita y exrector de la Universidad Católica Andrés Bello, considera que el malestar social constituye la rebelión de los venezolanos frente a la crisis que vive el país.

En entrevista concedida a Prodavinci, Ugalde conversó con el periodista Hugo Prieto y ofreció su visión sobre el país, los actores en el terreno político  y el papel del “venezolano de a pie” en un contexto marcado por la diatriba política y profundos desequilibrios económicos que afectan su calidad de vida.

¿Cuál es su percepción sobre la situación política del país después del 5 de enero y de lo que acontece en la Asamblea Nacional?

LU: Uno puede decir: se afianzó el régimen y se acabó la oposición y el parlamento. Otro puede decir: se afianzó la oposición y el parlamento y se debilitó el régimen. Ese es el tema y va de la mano de nuestro estado de ánimo. Y del hecho de que, efectivamente, Maduro está gobernando. Eso es indudable. Pero hoy día, Maduro es infinitamente más impopular que hace un año. Todo esto hay que conectarlo, a mi modo de ver, con la tragedia nacional, con el malestar de la gente.

Tengo la impresión de que la gente se está acomodando, porque cree que esto es para largo.

LU: No. En enero la gente está peor que en noviembre. Y en febrero va a estar mucho peor. El régimen no tiene posibilidad de respuesta a ningún nivel, ni nacional ni internacional. Ha inventado una serie de cosas. ¿Nos van a dar petros? ¡Ah, la felicidad! Pero la felicidad se convirtió en una desgracia, porque fui a cobrar, hice unas colas y no funcionó, y el comerciante que entró en ese proceso se quedó guindando, no le han pagado. El banco dijo que no podía, etc., etc., etc. Son triquiñuelas, son trampas para engañar niños. Pero el asunto de fondo hoy es una tragedia nacional que en enero es mucho mayor que en diciembre y que en noviembre.

Es cierto, la tragedia nacional es indetenible, pero el Gobierno tiene su discurso, su narrativa.

LU: Pero al que está desesperado no le sirve esa narrativa: no tengo empleo y mi bolívar vale hoy mucho menos que hace seis meses. Ese es un argumento irrebatible. Por supuesto, el Gobierno controla todo. También en (la extinta) Alemania Oriental el Gobierno lo controlaba todo, pero dentro la procesión va calladita. ¿Cuál era la impresión? Estos van como perros amaestrados. ¿Qué van a hacer si tenemos un régimen policial que funciona con precisión alemana? No hubo analista que dijera esto se va a caer pronto. A estas alturas no podemos decir que este sea el caso de Venezuela. ¿Qué es lo que está funcionando? Ni siquiera el CLAP.

(…) Todos, cada uno de nosotros, tenemos que hacer la conexión entre mi profundísimo malestar y el cambio de régimen.

 

Foto: Giovanna Mascetti / RMTF

¿Qué hemos visto? Por un lado, el juego político trancado y, por el otro, las iniciativas del Gobierno —la autodenominada mesa de diálogo y la apuesta del 5 de enero—. La pretensión del Gobierno es que el grueso de la oposición entre por ese carril.  

Pero no va a entrar. ¿Qué ha traído la mesita? Vamos a soltar a los presos políticos. Pero resulta que hoy hay más presos políticos que cuando se acordó eso. ¿Cuál ha sido el beneficio? El Gobierno ha dejado en ridículo a quienes de buena fe fueron a ese diálogo. La directiva del 5 de enero. El Gobierno pensaba comprar a 30 diputados y lo hago. No le salió bien. ¿Qué hizo?

La de Jalisco, «si no gano, arrebato».

LU: Claro, pero dice: muy bien, ese es un bochinche que tienen ustedes los opositores. Yo, Gobierno, no tengo nada que ver con eso. Y dejó colgando a la directiva de Parra, lo ridiculizó. Quemó a aquel grupo (la mesita), quemó a este grupo (la fracción de diputados CLAP). Es verdad, la Asamblea es un bochinche, pero ellos esperaban, con la compra, se acabó, cerramos el asunto y la AN es nuestra y punto. Pero como eso les ha fracasado ante el mundo y ante el país, lo que hay que hacer es el otro argumento. Ustedes, opositores, están peleando y haciendo el ridículo, entonces yo no tengo más remedio que adelantar las elecciones —y cuando el Gobierno habla de elecciones, solo son las parlamentarias—, con un CNE que voy a nombrar yo y, claro, ustedes no van a ir, porque aquello es impresentable y cuanto más impresentable, menos van ustedes y le voy a decir al mundo, ya tengo un parlamento libremente elegido. ¿Quién se cree eso? Ni siquiera los del propio partido.

Hay algo muy curioso, esta dinámica se ha desenvuelto de tal manera que cabe preguntarse ¿qué hacen los señores de la autodenominada mesa de diálogo sentados allí? ¿Cómo es que ellos van a negociar un CNE por vía de la omisión legislativa? Ya pasamos por ahí, ¿no? Y nadie creyó en eso.

LU: Las trampas son tan burdas que con una elección de estas quedamos mucho peor que con la elección de 2018, cuando impusieron… ¿esa no era la gran solución? La Asamblea Nacional Constituyente supraconstitucional. Todo lo constituido yo lo puedo eliminar. Eliminaron a Guaidó. Eliminaron el triunfo de (Andrés) Velázquez en Guayana. ¿Para qué les sirvió?. La pregunta es ¿cuánto tiempo el mundo y Venezuela aceptan que esto sea una cárcel y el carcelero siga mandando olímpicamente y todo el mundo colaborando con el carcelero? ¿Cuánto tiempo? Esa es la pregunta. Países que hasta ayer dudaban o que decían lo que pasa es que en Venezuela hay un montón de reaccionarios que no quieren aceptar los grandes cambios sociales que está haciendo el régimen… ¿Dónde están esos cambios sociales? ¿Dónde? ¿Dónde está el chavista honesto que puede comer las tres comidas? Cuando eso solo lo pueden hacer ladrones, entonces, el régimen no funciona. A mi modo de ver, eso es muy claro. En estos momentos, no son los Estados Unidos, ni los países del mundo democrático, ni los venezolanos los que obligan al Gobierno a plantear salidas. No. Es la «situación» y no tiene ninguna salida, sin la salida del presidente y del régimen. Entonces, hay que ir a elecciones.

Es algo muy improbable, yo no lo veo en el horizonte.

LU: Yo lo veo. ¿Cómo va a ocurrir? No lo sé, tampoco le veíamos en Alemania Oriental. Pero sí, yo estoy absolutamente convencido, y nadie me ha demostrado lo contrario, de que el régimen es monstruoso; Alemania Oriental cae, hasta la China de Mao cae. ¿Pero si tienen y lo controlan todo? Pero el todo es tan antihumano que llega el momento en que estalla de alguna manera. ¿Cómo estalla? No sabemos. En cada país estalla de una manera distinta. En China estalló desde adentro y quienes están gobernando ahora fueron presos de Mao en los años de la revolución cultural.

(…) El día en que aquí se produzca el cambio, los antimaduristas van a salir hasta debajo de las piedras. Hay un descontento tremendo, incluso entre los ministros del Gobierno.

¿Usted no le asigna probabilidad al Gobierno de mantenerse?

LU: Le doy esa posibilidad, pero ninguna de hacerlo bien. Son dos cosas distintas. El carcelero tiene la reja, tiene las armas y el carcelero puede durar. Pero ese carcelero no puede mejorar mi cárcel. No tiene con qué. ¿Dónde está PDVSA? PDVSA es del pueblo. Significa que las deudas de PDVSA son del pueblo. Ni siquiera la ley mediante la cual (en nuevos proyectos) el 60% es de PDVSA y el resto es de inversionistas nacionales o extranjeros no la pueden aplicar, porque el Estado no tiene dinero. Entonces están haciendo la liberalización más salvaje. Tomen esto y paguen un saldo. Y así en el Arco Minero, etc. Vamos a resistir. Es dinero, pero eso no pasa de una provisionalidad dramática. Y yo no acepto quitarle dramatismo a la «situación». No por mí, sino por la gente.

Para zarandear al Estado se necesita un liderazgo y una capacidad para hacer ese trabajo. No sé si usted tiene que hacerle algunos reclamos, algunas inquisitorias al liderazgo opositor después de lo que ocurrió el 5 de enero. Pero el hecho de que se hable de que el Gobierno estuvo a punto de comprar a 30 diputados a mí me dice muchísimo.

No sé si estuvieron a punto. Pero que el Gobierno quiso comprarse a 30, y que no pudo comprarse sino a siete, eso sí es verdad. No pudo comprar sino a siete. Es muy fácil que el venezolano hable mal de los políticos, pero se jugaron la familia, se jugaron la seguridad, se jugaron la vida. Están en el exilio, no todos. Pero yo, opositor, no le voy a hacer la fiesta al Gobierno diciendo han embochinchado la Asamblea, se han vendido. No, lo intentaron, pero solo compraron al 3%. Yo, venezolano de a pie, no le voy a exigir más heroísmo a los que se la han estado jugando, a los que están en la cárcel, los que están, mientras yo estoy fuera o en el aire acondicionado escribiendo. Este asunto es de todos los venezolanos.

Lo escucho y me pregunto, ¿será que el padre Ugalde está a punto de llamar a una rebelión? ¿Será que se pasea por la posibilidad de que la solución podría llegar por la vía de la negociación política? De estas dos hipótesis que veo, ¿cuál es la verdadera?

LU: El padre Ugalde no va a llamar a ninguna rebelión, sería estúpido si tratara de hacerlo. La rebelión ya está. La rebelión es el malestar. Yo, médico, no estoy llamando a la muerte porque digo que este señor tiene cáncer. Yo, médico, diagnostico. Mire, usted tiene cáncer. O aplicamos dramáticamente una intervención quirúrgica inmediata o usted va a la sepultura. Esa es la situación del país. Entonces, yo no llamo a ninguna insurrección, primero. Ahora, en la medida en que el régimen se convence de que estamos cercados internacional y nacionalmente… no podemos mejorar, hemos tratado de mentir presentando bonanzas que no existen, bueno, por qué no se sienta usted, acepta la realidad y vamos a encontrar salidas. Entonces, ni llamo a la rebelión. Y sí, con los pies en la tierra, llamo a encontrar la salida menos dolorosa y sangrienta para el país.

Esa salida implica la salida de Maduro y un Gobierno de transición que organice unas elecciones limpias.

Elecciones limpias, con un nuevo CNE y el registro electoral depurado. En este momento están inhabilitados cuatro partidos. Usted es absolutamente cínico si me habla de elecciones, con los partidos inhabilitados y sus líderes también.

No se puede hablar de elecciones parlamentarias en esas condiciones.

LU: Evidente que no, pero ellos hablan: ustedes no van a ir a votar, voy yo y las gano. Porque si fueran limpias, Venezuela iría y el Gobierno sabe que las pierde de calle.

Esa escenografía —elecciones parlamentarias sin un CNE nombrado por la AN—solo tendría espacio y lugar en el plató del programa de Diosdado Cabello.

Eso va a ser boicoteado por el mundo, incluso por los chinos. Mire, los chinos ya están hartos del desastre económico de Venezuela. Tenían una acreencia de 60.000 millones de dólares, han ido bajando a 10.000 millones. Antes veíamos un montón de chinos por la calle y han desaparecido, porque ellos ven que con esta economía no hay futuro. Ellos están en América Latina, y tienen más de 250.000 millones de dólares invertidos, y querrán invertir más. A nosotros nos conviene que China invierta en Venezuela, pero de una manera limpia, abierta, con leyes que se aprueben en la Asamblea. No de noche, a escondidas, hasta que un día aparece que eso fue un negocio sucio.

Entonces, mundialmente están cercados y nacionalmente están cercados por el malestar. No por los partidos políticos, que bastante hacen con sobrevivir, sino por el malestar profundo. Yo tengo la enfermedad, yo tengo cáncer y si no me opero en un mes, estoy listo. Ese es el país que tenemos. ¿Que no cambió en 20 años? Alemania Oriental tampoco cambió en 20 años y era el modelo perfecto del estado policial, donde las parejas desconfiaban una del otro, porque de pronto es espía, como pasa aquí con los generales de la misma promoción, que no pueden hablar porque de pronto está penetrado por los cubanos, voluntaria u obligadamente. Esas cosas ocurren. Las dictaduras y los desastres, la humanidad los expulsa.

Usted utilizó la palabra obligación en su artículo más reciente, pero la obligación comporta compromiso, comporta sacrificio.

Es como la deuda externa, usted puede decir: no le pago. Usted tiene obligación, aténgase a las consecuencias. (Ugalde lee de su propio puño y letra) “Ante el creciente desastre del régimen, lo razonable es la renuncia de Maduro a la presidencia usurpada, para dar paso a unas elecciones con todas las condiciones y garantías. Así mismo, en esta extrema gravedad —Ugalde subraya la palabra gravedad—, lo inteligente y correcto es que la Fuerza Armada decida cumplir con su papel constitucional”. No estamos pidiendo más nada.

 

Prodavinci

No olvides compartir en >>