Racionamientos marchitan las esperanzas y afloran la frustración de los zulianos en Navidad

Racionamientos marchitan las esperanzas y afloran la frustración de los zulianos en Navidad

Racionamiento

Archivo. Racionamiento

La oscura pesadilla revive y con ella los desagradables recuerdos de 10 horas y hasta más sin electricidad. Racionamiento

La oscuridad vuelve a arropar los hogares de la capital zuliana. El calvario que hace meses sacudió a la ciudad, se fue esfumando a paso lento en la mente de los maracaiberos. La cercanía de las festividades, la navidad y el anuncio de un cese definitivo de las fluctuaciones en el sistema eléctrico nacional, fue una bocanada de aire fresco para quien con esperanza intentaba olvidar aquel siete de marzo cuando la pesadilla comenzó.

Ese jueves cualquiera, marcó un punto de quiebre en la mente del venezolano. Artefactos dañados, negocios asqueados, comida podrida, ánimo quebrantado, economía descontrolada, y diáspora exagerada fue el saldo que dejaron cinco días paralizados sin electricidad en Maracaibo.

Cuando al fin todo parecía volver a su curso, un nuevo apagón sorprendió a los maracaiberos. A comienzos de semana, casi llegando al mediodía, la ciudad se encontraba paralizada. El #SinLuz se volvió tendencia en las redes sociales, donde otra vez se informaba lo que parecía un apagón general, sin embargo, sólo afectó a la región zuliana.
Tres horas fueron suficientes para conmocionar la ciudad.

Aunque no todo quedó allí, nos invadió de nuevo la depresión, y el recuerdo comenzó a aflorar. La repetitiva tonada de la canción de juanes volvió a las barriadas, los populares «bajones y subiones» salieron del clóset y el disfraz de zombis se convirtió en el uniforme permanente de la institución llamada ciudad.

¿Podremos volver a dormir?

Las noches son espesas e inusualmente calurosas, aunque llegó diciembre, el frío navideño no vino con él este año.

Los zancudos hacen fiesta desde las siete y el llanto de los niños retumba en las paredes de las casas vacías que abundan en el vecindario.

Más de uno acostado, espera el agudo aullido: «¡llegó la luz!», que se hace eco a su paso, mientras que las desesperadas madres vuelven a acostar a sus niños, húmedos del sudor en la cama mullida.

El amanecer llega y el sol no perdona. Una lluvia de bajones se apodera de la ciudad, cuál luces de arbolito que adornan con intermitencia el espíritu festivo.

La expresión «noche de perro» comienza a tomar fuerza, la actividad se minimiza y las aulas se quedan vacías, mandar a los niños al colegio no es la opción más favorable en tiempos de oscuridad, dicen algunos padres que prefirieron dejar a sus hijos en casa, porque en el colegio no tienen agua, comida ni servicio eléctrico.

Otra noche transcurre todavía en penumbras. La sospecha de un racionamiento se asoma tímidamente. La discoteca en pleno día se enciende como luces estroboscópicas y después del mediodia del miércoles, sin aviso, vuelve a suceder, esta vez el apagón es compartido. 11 estados se suman estrepitosamente a la cotidianidad zuliana.

Aproximadamente dos horas desconectados del mundo, aunque solo fueron unos sectores los que gozaron de la llegada de la electricidad, otros tantos siguieron en oscuridad, la mente comenzó a dar giros, pensando en el tiempo que ahora transcurriría, serían horas o días los que se avecinaban, los cierto es que ese día, nueva noticia surgía.

Tres días de incertidumbre se resumieron en una respuesta desesperada, de nuevo la administración de carga reanuda la pesadilla del insomnio permanente que estremece la vida de los zulianos.

 

Any Vargas

Noticia al Día

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