NAVIDAD en Venezuela, la época alegre más TRISTE del año por la migración

NAVIDAD en Venezuela, la época alegre más TRISTE del año por la migración

La dramática historia de Rosario

El arbolito es bonito. Mide más de dos metros. Está adornado con flores rojas y resalta en toda la casa de Rosario Albornoz, ubicada en la calle 90 de Maracaibo. Pero hay un detalle: Rosario, de 67 años, no lo enciende. No tiene ánimos. Está viviendo una Navidad en Venezuela. Con su hija afuera del país, está viviendo una Navidad de ausencia.

“Hace dos años, mi hija Ingrid montó el arbolito. Estábamos felices a pesar de que no teníamos recursos. Dos meses después partió a Canadá. Le salió la oportunidad de irse y dejó sus estudios de diseño gráfico botados por conseguir una mejor calidad de vida: ‘Mami, desde allá te puedo ayudar más. Aquí me siento frustrada‘, me dijo. Es una ausencia que me duele mucho, mucho más de lo que me dolió la partida física de mi esposo hace 10 años. Ni siquiera quité el arbolito y no lo enciendo desde que ella partió”, cuenta la madre con tristeza en los ojos.

Rosario se siente sola. Pero de alguna manera no lo está. Se calcula que unos 5.000 venezolanos al día emigran del país. La crisis económica los empuja a abandonar sus estatus e irse a otros países, especialmente a Chile, Panamá, Colombia, Perú, Ecuador, Argentina, Estados Unidos y Canadá.

Ingrid trabaja en un restaurant en Canadá. Le regaló un teléfono inteligente a su mamá y ésta ha aprendido a usarlo. Se tratan de comunicar a diario. Esto no es fácil cuando los estudios más recientes demuestran que Venezuela tiene la conexión a Internet más lenta de Latinoamérica. Sin contar con que la empresa oficial de telefonía CANTV está en gran medida inoperante en sus sistemas de Wifi.

“Ella también me manda bolsas de comida desde Canadá por medio de una empresa de encargos que llevan los alimentos directo a las casas y los compradores la pagan en dólares. El otro día me dijo que le estaban ofreciendo 5 hallacas, un kilo de pernil, un pan de jamón y un kilo de ensalada de gallina por 100$. A mí me pareció una exageración. Sin embargo, no le dije nada, aunque hubiera preferido que me enviara los 100$ porque con eso hago más y, además, ¿con quién voy a compartir esas 5 hallacas? ¿Qué mesa de Navidad puedo montar estando yo sola?”, reflexiona Rosario.

La tristeza no está solamente en los venezolanos que se quedan. También viaja con los que se van. Como dice un post que se ha difundido mucho: “Se puede arrancar a un hombre de su país, pero no se puede arrancar a su país del corazón de un hombre”.

Marienny López lo sabe. Esta marabina de 26 años se fue para Panamá. “Solo me siento en casa cuando llego al departamento donde vivo en la noche. Lloro casi todos los días. Me siento extraña. Hasta protestas han hecho aquí en contra de los venezolanos. No sabía lo que significaba la palabra xenofobia hasta que me tocó vivirla”, expresa.

Cuando se le pregunta qué piensa hacer esta Navidad, Marienny dice que cree que se encerrará en su cuarto a llorar escuchando gaitas de Betulio Medina.

A kilómetros de distancia está Yubirí Romero. Desde hace cinco años, está en Florida, Estados Unidos Pero a pesar del tiempo tampoco se siente en casa: “Aquí todo es muy colorido en Navidad. Y los almacenes están llenos por supuesto. A veces voy a comprar y veo tanta comida que como con culpa sabiendo las necesidades que están viviendo los míos en Venezuela”, asegura.

Sin embargo, en su Instagram se ve alegre, publica fotos de lugares que ha conocido, de paisajes hermosos, de cuando conoció la nieve, de cuando fue a Disney. “A veces no creo mucho en la sinceridad de las redes sociales. Uno sube fotos de momentos bonitos para que los familiares se alegren con los supuestos éxitos de uno, pero nadie publica la otra parte. Cuando uno entra en crisis de llanto. Cuando se hace un minuto de silencio en la cena navideña dedicando una oración por la prosperidad de nuestro país de origen”, dice.

Luisa Moronta, otra marabina, también está en Florida. “Los estadounidenses son muy encerrados. Yo llevo dos años aquí y todavía no sé cómo se llama mi vecina. Extraño la alegría y los chistes maracuchos. Por eso creo que me la paso más en el Facebook y el Instagram que en la vida real”, cuenta la mujer, de 45 años y con tres hijos también en USA.

A Luisa le gustan los libros. Para esta época siempre leía la novela Cuento de Navidad del escritor y novelista inglés Charles Dickens. Ahora, ni siquiera le levanta esa linda y conmovedora historia de los tres espíritus navideños que convierten a un hombre avaro y hostil en un fiel amante de las fiestas.

Quizás una lectora como ella se sienta más identificada con el amargo poema “Las uvas del tiempo”, escrita por el venezolano Andrés Eloy Blanco, el 31 de diciembre de 1923, añorando el Caribe desde Madrid a donde había viajado para recibir un premio.

“¡Sí! ¡Así me siento! Extraño demasiado de mi vieja”, exclama Luisa cuando se le narra un extracto del poema:

“Madre: esta noche se nos muere un año.
En esta ciudad grande, todos están de fiesta;
zambombas, serenatas, gritos, ¡ah, cómo gritan!;
claro, como todos tienen su madre cerca…
¡Yo estoy tan solo, madre,
tan solo!; pero miento, que ojalá lo estuviera;
estoy con tu recuerdo, y el recuerdo es un año pasado que se queda”.

La Navidad venezolana no es la misma desde que una inflación nunca antes vista en la historia del país comenzó a azotar a la población en 2015 y desde entonces no ha parado.

La mayoría de las personas viven de remesas o por trabajo con dólares. El bolívar no vale nada. Algunos salen de compras para no perder la tradición, pero muchos creen que la tradición ya se perdió cuando faltan familiares en casa.

De acuerdo con la empresa encuestadora Datincorp el 59% de los hogares venezolanos tiene un familiar en el exterior. Es decir, casi 6 de cada diez venezolanos tendrá un motivo para llorar esta Navidad.

Como el arbolito de Rosario, muchos hogares del país tendrán las emociones apagadas durante estas fiestas. Habrán asientos vacíos en la mesa, faltarán abrazos y muchos se pondrán en los ojos una venda. La Navidad en Venezuela es una fiesta sin invitados, una fiesta de soledad. La Navidad se ha convertido en la época alegre más triste del año.

Maidolis Ramones Servet

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