Mitos y leyendas urbanas al preparar las hallacas de Navidad

Mitos y leyendas urbanas al preparar las hallacas de Navidad

Foto: Agencias

¡No metáis la mano en el guiso muchachito que se empicha!, exclama doña Higínia a su hijo, quien sigilosamente se escabulló hasta la cocina, para probar el suculento guiso que su mamá había preparado horas atrás e inundaba la casa del indescriptible aroma navideño.

Como parte de la tradición venezolana, el preparado de las hallacas es un ritual sagrado que cada abuelita guarda con recelo y traspasan de generación en generación, cuando las familias enteras se sientan a la mesa en las distintas estaciones de armado. Nunca falta quien se coma las pasitas o las aceitunas antes de comenzar la faena.

Al igual que sus ancestro, las mujeres maracaiberas (que en su mayoría son las que preparan el guiso) heredan las costumbres familiares y  con ellas el recetario de tips que cada año se agranda, para lograr conseguir «la mejor hallaca del año».

La diversidad se hace notar cuando las señoras de la casa comienza a preparar el guiso, en ese punto, inician las restricciones en la cocina, desde autorizar a una sola persona para que «menee la carne», hasta el ritual de emborrachar la carne por unos días antes de cocinarla; la costumbre consiste en que al momento de preparar la carne para el guiso, se corta en pedazos casi similares, mientras que las personas encargadas van cortando las verduras, toman ron o vino y en cada sorbo brindan con la carne añadiéndole una copita hasta que se termine la botella, así lo explicó la señora Gloria Martínez como parte de su ritual familiar.

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«No puedes meter la misma cuchara con la que revuelves el guiso cando lo vayas a probar», exclamó Lucía Perozo, habitante de San Miguel, en su casa si es de ensuciar siete cucharas se ensucian, antes de dañar la comida.

Por su parte la señora Yummy Fernández, comenta que tampoco se le puede echar tomate porque se pudren muy rápido, tampoco se meten en la nevera hasta que estén totalmente frías, ni lleva papa o zanahoria.

La maceración de la carne también resulta divertida, hay quienes después de aliñarla la dejan en la nevera y se olvidan por dos días, hay otros que la soban por horas para que se impregnen los ingredientes  y en los casos más extremos aliñan el cerdo, lo meten en una bolsa y lo entierran por un par de horas para que quede más jugoso.

Para la masa no se necesita ser experto, pero alguno que otros truquitos le dan «el toque secreto». «Usa el agua donde se cocina el pollo o la carne para la masa, queda con más gusto. O si prefieres en agua caliente disuelve un cubito con aceite onotado para pintar los bollos», comentó Margarita Meléndez.

La coincidencia en el grosor de la masa se reafirma en cada casa, «mientras más fina mejor» exclaman los maracaiberos. La hojas de plátano son una opción, pero las que saben recomiendan las de bijao para que todo salga excelente, eso dice la señora Maira, quien deambula por la calle vendiendo hallacas la mayor parte del año.

Muchos son los mitos y las leyendas urbanas que si se parte el hilo cuando amarras la hallaca puede que estés embarazada, como éste muchos más, que los zulianos van adoptando con el pasar de los años, todo es válido para cuidar al manjar que generalmente solo se come «una vez al año».

Lo único cierto de este relato es que no importa cómo la hagas ni qué le pongas, en la casa de cualquier zuliano siempre escucharás: «¡la mejor hallaca la hace mi mamá!».

 

Any Vargas

Noticia al Día

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