A 3 años de tu partida física mi amado Darío (por la Dra. Judith Aular de Durán)

A 3 años de tu partida física mi amado Darío (por la Dra. Judith Aular de Durán)

A 3 años de tu partida física mi amado Darío (por la Dra. Judith Aular de Durán)A pesar de las obligaciones que tengo a diario en estos momentos como rectora encargada de la Universidad del Zulia (LUZ), no puedo dejar pasar por alto esta fecha: 11 de diciembre, día del ocaso de mi muy recordado y amado esposo Darío Durán Cepeda.

Hablar del Dr. Darío Durán, de mi esposo, mi compañero de vida, el padre de mis hijas, para mí siempre será un orgullo. Su nombre es sinónimo de un hombre apasionado por las Matemáticas, quien dedicó cada día de su vida a hacer de esta ciencia lógica y formal una enseñanza divertida para que muchos niños y jóvenes pudieran entender este mundo.

Poseía una formación inigualable en Sistemas Axiomáticos Formalizados, en Análisis Funcional, en Semántica Formal de Primer Orden, en Lógica Simbólica, Teoría del Conocimiento e Historia de la Filosofía.

Él decía que “la Matemática es intuir, observar, experimentar, reflexionar, entender, discutir, justificar, abstraer, argumentar, razonar, pensar, demostrar, explicar y resolver problemas. También es descubrir y crear. La Matemática es apasionante, emocionante e intrigante como toda actividad humana. Estudiar Matemática es trasladarse al mundo de la belleza y de la verdad y éstas son, quizás, las mejores razones para estudiarla. La Matemática es un arte y está plena de enigmas o acertijos que deben resolverse. La Matemática para un profesor debería ser una eterna diversión y no una mera obligación. Esas son las poderosas razones por las que hago lo que hago”.

Así lo hizo siempre. Su amor por la enseñanza de los números junto a su alta formación académica, trascendió las aulas y lo llevó a emprender importantes iniciativas para fortalecer la enseñanza y el aprendizaje de las ciencias numéricas en Venezuela y fuera de nuestras fronteras. Su experiencia lo llevó a ser miembro, en 1971, de la Comisión Redactora de los programas de Matemática de los Estudios Generales de LUZ. También formó parte de la Comisión Asesora para redactar los programas de Matemática de los Colegios Universitarios en 1972 y de la Comisión Redactora de los programas de Matemática del Instituto Experimental Pedagógico de Maracay (1973) y del Instituto Universitario de Coro (1973).

Ingresó en la plantilla de profesores de la Facultad de Humanidades y Educación (FHE) en 1967, el mismo año que se graduó como Licenciado en Educación mención Ciencias Matemáticas y en 1990 egresó como Magister Scientiarum en Matemáticas del Programa de Estudios Avanzados en Matemáticas (PEAM) de la Facultad de Ingeniería de LUZ.

Su currículo como gerente académico también fue amplio. Ocupó el cargo de jefe del departamento de Matemáticas de la FHE (LUZ) (1972-1974), secretario del Consejo de la Escuela de Educación (1973), miembro electo del Consejo de la Escuela de Educación (1973-1974), director del Centro de Estudios Matemáticos ( 1974-1975), coordinador del Vicerrectorado de Regionalización de LUZ, Costa Oriental del Lago (1975), miembro electo del Consejo de la FHE (1974-1976), director del Colegio Universitario de Cabimas ( 1979-1980), coordinador académico de la FHE ( 1981-1984), decano de la FHE (1984-1987), Director de la División de Estudios para Graduados de la FHE (1989-1992) y miembro electo del Consejo Universitario de LUZ (1990-1993).

Su trayectoria lo hizo merecedor de grandes premios y reconocimientos, destacándose el Doctorado Honoris Causa de LUZ, que lo recibió el 27 de abril de 2004, con esta frase que quedó para la posteridad: “Siento, como decía Newton, que he cabalgado sobre el hombro de los gigantes. Ustedes mis amigos son los verdaderos gigantes”.

Hoy cuando se cumplen 3 de años de tu partida de este mundo, tus hijos Darío Enrique, Dariela Judith, Elvia Ada y Daniella Josefina, tus nietos y yo, tu esposa, te recordamos y te mantenemos vivo en nuestros pensamientos.

Fueron más de 45 años que compartimos juntos y estoy segura que tu risa retumba en el cielo y alegra los corazones de los ángeles que te acompañan. ¡Gracias Darío, gracias amor!

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