Cubanos celebran nacimiento de la pianista, María Cervantes: Descubre el detalle de lo que puede hacer una mujer celosa

Cubanos celebran nacimiento de la pianista, María Cervantes: Descubre el detalle de lo que puede hacer una mujer celosa

Foto: Agencia

María Cervantes (La Habana, 30 de noviembre de 1885 – La Habana, 8 de febrero de 1981) fue una pianista, cantante y compositora cubana.

Infancia y juventud

Era hija de Ignacio Cervantes, considerado por muchos el músico cubano más destacado del siglo XIX. Desde muy niña, María se sintió artista. El baile la entusiasmaba. A los tres años de edad bailaba al son del piano de su padre. Su padre comentaba jocosamente que con sus hijos ―trece varones y una mujer― formaría toda una orquesta.

Desde chiquitica ya yo bailaba con un compás que no he perdido. Mi padre empezaba con una danza, pasaba para una mazurca, seguía con un danzón, al mismo tiempo que yo iba marcando y saltando de ritmo como una consagrada. ¡Y tenía tres años!

María Cervantes
Siendo ya una reconocida pianista, cantante y compositora, confesó que ella fue siempre una niña muy refistolera y que había empezado a tocar el piano desde muy pequeña, tanto que casi no llegaba al teclado, pero cuando escuchaba algo que le llamaba la atención, iba tan rápido como le permitían sus piernas, y lo tocaba.

Comenzó los estudios de piano con su padre, que la llamaba Chanchín por sus orejas pequeñas y puntiagudas. Los continuó con los profesores Gonzalo Núñez ―maestro puertorriqueño residente en Cuba, que había sido alumno de Cervantes– y con Enriqueta García.

Aprendió de su padre el estilo pianístico y, como pocos, conocía la interpretación de sus danzas, que según Alejo Carpentier «ocupan en la música de la isla el lugar que ocupan las Danzas noruegas de [Edvard] Grieg o las Danzas eslavas de [Antonín] Dvórak en las músicas de sus respectivos países».2​

A los 13 años debutó como pianista en el teatro Tacón (hoy Gran Teatro de La Habana).

Papá compuso mucha música que no se conoce. ¡Cómo no voy a escoger «Fusión de almas» para abrir cada recital, si esa pieza la empezó él y la terminé yo el primer día que me senté al piano después de su muerte!… Usted no me creerá, pero si yo fuera espiritista diría que papá estaba a mi lado. La obra era una romanza sin palabras que él no pudo terminar porque se trastornó. Había hecho un tema muy bonito pero, una vez que lo tocaba, no podía seguir; la última vez que lo intentó se puso a llorar, y cerró la tapa del piano para siempre. Aquel día comencé a tocarla y, sin darme cuenta, seguí… Así fue. Después le hice una introducción, y cuando el poeta matancero Juan B. Ubago la escuchó. Le conté la historia, y él me sugirió el título: «Fusión de almas».

María Cervantes
Con esta obra para piano la artista abría sus recitales. La muerte de su progenitor, en 1905, la hundió en una profunda depresión que la separó de la música durante más de un año.

Cuando papá murió, mamá quedó desconsolada, porque ellos se querían mucho, pero a los pocos días del entierro recibió un cofre y una carta de una «amiga» de él, donde le decía que ―al regresar a Cuba desde París―, papá lo había guardado en su casa. Mamá, celosa, lo tiró al mar, lo que no debió haber hecho, porque era un regalo de una princesa polaca que contenía un ejemplar único, manuscrito, con las obras completas de [Frederic] Chopin. ¡Cuántas cosas importantes tendría aquel cofre!

María Cervantes

Wikipedia

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