Presidente "catástrofe" (Javier Sánchez)

Presidente «catástrofe» (Javier Sánchez)

Javier Sánchez

De noche, las calles de Maracaibo, así como las del resto del país se parecen a una zona de desastre: desiertas, sin vehículos, tenebrosas en la oscuridad por los cortes de electricidad, semáforos en mal estado y kilométricas colas para ver si cada dos o tres días en ellas se puede garantizar la gasolina. Ciudadanos famélicos que escarban pilas de basura no recolectada y mil problemas más.

La sensación que da es de una verdadera “catástrofe” en cámara lenta. Lo demás todo se ha dicho aquí, y en el resto del mundo. Las últimas encuestas de los especialistas en la materia aseguran que casi el noventa por ciento de los ciudadanos está en contra del gobierno porque nos están llevando al estado de miseria y pobreza más absoluto en el mundo, y que cerca de cinco millones de venezolanos han abandonado el país buscando calidad de vida. Esa es la verdad.

Desde hace varios años los organismos oficiales no publican los indicadores económicos, ni el comportamiento del producto bruto interno ni los ritmos inflacionarios u otro indicador que pueda ser utilizado para una mejor aproximación a los niveles catastróficos que en el plano económico y social se vive en el país. La población no necesita de dichos números para sentir la brutal caída en el nivel de vida, ni para saber las calamidades que se arrastran, que no cesa y la dinámica es a empeorar. Lo que salta a la vista no necesita anteojos.

Hoy viene a la memoria la intervención de Hugo Chávez en el marco del Diálogo sobre Reformas Institucionales para el crecimiento y la equidad auspiciado por el Banco Mundial celebrado el 21 de marzo del 2002 donde dijo, según reseñó en esa oportunidad el periodista Pastor Heydra, que “en Venezuela se había venido cumpliendo la tesis de las catástrofes”.
Dijo para entonces que “cuando en un sistema cualquiera ocurre una perturbación, el Jefe de Estado debe tener capacidad para regularla porque sino sobrevienen mayores dificultades que finalmente terminan por generar el colapso”. Qué es precisamente lo que se vive en el país después de 20 años del llamado proceso revolucionario creado por él.
En ese momento se atrevió a decir que él fue “producto de la catástrofe”, y aseguró: “yo lo sé, porque no estaría aquí como Presidente, sino fuese por el efecto catástrofe, soy un Presidente catástrofe pero también un mandatario dispuesto a oír a todos, a dialogar, a aguantar lo que se venga, desde la crítica más ácida”

Pues bien, oyó muchas críticas antes de morir, pero diálogo no hubo. Tomó a Venezuela como si fuera su finca, silenció a los medios de comunicación que les molestaba, reprimió a la oposición y nos condujo a lo que hoy vivimos.

Populista con unas alianzas con el régimen dictatorial de Castro, que supusieron buena parte de la crisis de Venezuela. Les regalaba el petróleo a mansalva, los barriles viajaban a La Habana sin parar y pare de contar, todo igual, parecido o peor a lo que se vive en la actualidad. Un mismo guión, de una misma película de terror de corte catastrófico que se repite pero con otro personaje después que se muere el protagonista principal.

El 8 de diciembre del 2012 hizo Chávez su última transmisión televisiva y enumeró las cualidades de su sucesor: “Un hombre revolucionario a carta cabal, un hombre de una gran experiencia a pesar de su juventud, de una gran dedicación al trabajo, una gran capacidad laboral para la conducción de grupo, para manejar las situaciones más difíciles”, dijo refiriéndose a Nicolás Maduro. Nada más lejos de la realidad, tomó el poder Maduro, la mano derecha de aquel hombre que había iniciado la debacle del país, y terminó de arruinar, destrozar y enfrentar a los venezolanos. La represión la multiplicó, al igual que la miseria y la ruina de los ciudadanos.

Los analistas y observadores de la realidad venezolana esperaban que Maduro fuera menos radical menos agresivo, menos intolerante que su padre político y fue todo lo contrario. Chávez dijo en aquella oportunidad al inicio de su gestión, que había sido producto de una “catástrofe”, refiriéndose a los tiempos de lo que llamó la Cuarta República que moría con su llegada y el nacimiento de la República Bolivariana bajo su mandato. A la fecha, para los venezolanos, hoy vivimos peor que antes. Le tomamos la palabra a Chávez con aquello de “Presidente catástrofe”

Javier Sánchez

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