“No somos animales”: el infierno de venezolanos en Migración Bolivia

“No somos animales”: el infierno que vivieron venezolanos en el sótano de Migración Bolivia

Foto: Agencias

Un grupo de migrantes venezolanos retenidos por Migración Bolivia dieron a conocer a través de un video los malos tratos que habrían recibido. “Estamos encerrados en un sótano de Migración de Bolivia aquí en Santa Cruz. Nos tienen como perros, como si fuéramos presos”.

En el vídeo aparecen varios hombres y efectivamente están en el sótano del departamento de Migración boliviano. Uno de ellos pide a quien se pronuncia que hable en voz baja, porque los guardias pueden escucharlo. “Nos están violando los derechos teniéndonos aquí como unos animales con hambre, con sed; estamos tomando agua del chorro”.

El vídeo fue grabado hace unas semanas cuando la policía de Migración Bolivia los detuvo y llevó al lugar montados en camionetas. La mayoría de ellos estaban en semáforos vendiendo productos, y algunos incluso eran legales. Estuvieron en el lugar desde las 8:00 de la mañana hasta las 11:00 de la noche, por lo cual decidieron grabar varios vídeos para difundir y denunciar en redes sociales. En otro de ellos se escucha a una mujer decir: “Nos encontramos aquí un grupo aproximado de 100 venezolanos con mujeres y niños. Nos están violando los derechos humanos ya que no podemos ni siquiera beber agua”.

“Ninguno de nosotros hemos comido y nos dicen que nos van a deportar y llevar a Paraguay porque es el único país que nos quiere. No somos animales, somos seres humanos. Por favor, ayúdennos”, agrega.

Este tipo de violaciones a los Derechos Humanos ha sido denunciado incluso por Amnistía Internacional: en marzo denunciaron que las autoridades detuvieron y expulsaron arbitrariamente a un grupo de venezolanos.

“Me dijeron que no vería más a mi hijo”

Yuneska estaba ese día junto a su hermano e hijo. Llegaron allí porque una comisión de funcionarios policiales se apersonaron en uno de los semáforos donde estaban trabajando vendiendo chocolates y galletas. Luego, en el sótano, “llegaron dos personas de La Paz y yo quise hablar con uno de ellos y me trataron mal y me gritaron; me dijeron que si yo no hacía maletas para irme del país, no iba a ver más a mi hijo”.

Ella es de Maracaibo y emigró hace más de tres meses: primero a Perú y luego a Bolivia. Lo hizo junto a su familia, cuyos miembros –incluyéndola– no tienen pasaporte venezolano, lo cual complicó significativamente la travesía. Son cinco, de los cuales dos son menores de edad.

“Salimos de Venezuela de mochileros, en gandola, camiones. Para nadie es un secreto que Venezuela está pasando por una crisis económica muy fuerte y nos vimos en la obligación de salir de Venezuela para buscar un mejor futuro”, expresa.

En Perú llegaron a vender chucherías para vivir. Pero la xenofobia que sufrieron fue tan fuerte que los obligó a huir a Bolivia, donde vivieron dificultades para entrar, que incluyeron largas caminatas que alternaban pidiendo cola, en medio de un frío “que nos estaba matando”.

“Cuando quisimos entrar por primera vez los mismos policías de migración nos estaban quitando 200 pesos (unos 29 dólares) por cada uno para dejarnos entrar al país”, destaca. Por no contar con el dinero, se tuvieron que regresar y dejaron pasar varias semanas antes de volverlo a intentar. Un día aprovecharon que los guardias estaban entretenidos y, como en una película, se escabulleron para entrar de manera ilegal a Bolivia.

En este país hay menos xenofobia que en Perú, según Yuneska. Sin embargo, “muchas veces nos encontramos gente ignorante en la calle que nos dice cosas feas, como ‘váyanse a su país, venezolanos de mierda’. Nos preguntan que qué hacemos aquí”.

Salir huyendo; volver huyendo

Aquel día que vivieron la pesadilla en el sótano de Migración, lograron salir con una carta de expulsión, pero no fueron deportados directamente, por lo cual aún se encuentran en Bolivia. A partir de ese momento las extorsiones por parte de funcionarios bolivianos no han parado.

“Seguimos en Santa Cruz y ahora los policías han agarrado por hobby detenernos para pedirnos 500 pesos, que para hacer 500 pesos aquí hay que trabajar mínimo siete días dándole duro en los semáforos”, dice Yuneska, quien resalta que en Bolivia el salario mínimo son 2100 pesos.

Yuneska afirma que ha aprendido a ignorar estas cosas. En estos momentos está “guerreando” día a día junto a su familia porque planean reunir dinero para el regreso a su país. Estima que en unas dos semanas partirán a Maracaibo, el lugar de donde huyeron en un principio debido a la crisis económica, social y eléctrica. Irónicamente, llegarán huyendo.

 

 

Fe y Alegría Noticias

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