Mil libros en cada escuela, mil hombres cultos (Javier Sánchez)

Mil libros en cada escuela, mil hombres cultos (Javier Sánchez)

Javier Sánchez

Se puede ser chofer de por puesto, ama de casa, carpintero o un hombre del campo, pero culto, con un verbo enriquecedor , con buen léxico y excelente vocabulario, si desde pequeño tienes acceso a la lectura con muchos libros que hayan pasado por tus manos . Con leer * siembras* todo esto en tu personalidad, que te hace exitoso al entablar cualquier diálogo.
Puedes ser profesor, Jefe de Estado , gerente o profesional en cualquier rama pero si tienes un escaso verbo, es una clara demostración de que no ojeaste ni el libro
* Mantilla* cuando niño. Eso se percibe a leguas, así lo hemos podido notar cantidades de veces entre los dirigentes políticos, muchos de ellos con alto rango, que han dejado a más de uno atónito con sus disparates verbales.
Siempre se ha considerado la lectura como una herramienta muy útil en el desarrollo profesional o personal en diversos ámbitos, y es tal su relevancia, que su práctica marca una diferencia profunda entre los individuos que la practican y los que no. Con solo oír hablar a una persona cinco minutos, sabemos si es amante de la lectura o* leído* como suelen decir los maracuchos.
Todas las investigaciones que se han hecho al respecto desde hace muchos años, han concluido en que leer permite la obtención de experiencias, conocimientos; así como también de habilidades. Estas características convierten la lectura en el recurso usado por excelencia para el desarrollo personal y profesional.
Ahora bien, que para el Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, sembrar o cultivar en las escuelas, educa más que mil libros, como lo expresó durante el lanzamiento del llamado Plan Avícola el pasado 18 de los corrientes, es un criterio muy personal de quien dirige el socialismo del siglo XXI en nuestro país.
“Los huertos escolares, la agricultura urbana y comunal, la producción de alimentos con nuestras propias manos, educa mucho más desde el punto de vista ético y moral, que mil discursos, que mil libros, que mil palabras, porque uno trabaja con las manos*, dijo Maduro en cadena emulando a Hugo Chávez.
Cuesta creérselo, dijo mi abuela, que de un brinco saltó de su mecedor en la sala frente al televisor, cuando lo escuchó: Gracias a Dios que el Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, ya no está con nosotros, porque se vuelve a morir si lo escucha o Jorge Luis Borges, el escritor, poeta y ensayista de reconocimiento mundial, quien se pudo haber retorcido en su tumba si lo oye, comentó.
La mediocre aseveración, de que producir nuestros propios alimentos desde las escuelas, educa más que un libro, es a juicio de la mayoría de los educadores, padres y representantes de las instituciones educativas, lo más aberrante que haya podido expresar Jefe de Estado alguno. No es que enseñar a los niños desde temprana edad, de que el cultivo, la siembra y la producción de nuestros propios alimentos sea malo , o no signifique una actividad importante, no, eso no, es simplemente que no tiene margen de comparación alguna, ni mucho menos el discriminar la lectura ante dicha actividad de siembra, cuando sabemos que la lectura no es sólo una asignatura, sino la principal fuente de conocimiento para progresar en el aprendizaje,
Lo ideal sería sembrar de bibliotecas las instituciones educativas para motivar la lectura a los niños desde temprana edad y paralelamente en lo posible, establecer los llamados huertos escolares, para despertar desde el pre escolar esa motivación por el cultivo y producción, que los lleve al desarrollo integral de su personalidad.
Quizás callaíto se vería mejor el Presidente, yo sembraría en cada escuela mil libros, para cosechar mil buenos lectores cultos con un rico vocabulario, dijo mi abuelita al recoger su mecedora frente a la pantalla de la TV.

Javier Sánchez

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