Decenas de miles de personas se concentran en Líbano en tercer día de protestas

Decenas de miles de personas se concentran en Líbano en tercer día de protestas

Foto: AFP

Decenas de miles de libaneses se concentraron este sábado en un tercer día de manifestaciones contra la subida de impuestos y una clase política acusada de corrupta, después de que las fuerzas de seguridad arrestaran a docenas de personas.

El número de manifestantes fue en aumento tanto en el centro de Beirut como en Trípoli, segunda ciudad del país, pero también en Tyr (sur), en Akkar (norte) y en Baalbeck (sur).

«¡Revolución, revolución!» coraron los manifestantes en la capital. Algunos llevaban el rostro cubierto con una bufanda, tras el gas lacrimógeno arrojado la víspera.

«La gente quiere la caída del régimen», insistieron.

Esta nueva jornada de movilización recordaba el levantamiento popular inédito en 2005, que puso fin a los 29 años de tutela siria en Líbano.

Los manifestante cortaron varias carreteras con barricadas o neumáticos y contenedores de basura incendiados.

Por la mañana, el ejército reabrió las carreteras, mientras un equipo de voluntarios se afanaba en limpiar en las inmediaciones del parlamento los desechos de la víspera, desde cristales de escaparates rotos a pedazos de chapa.

En un comunicado, el ejército pidió que los manifestantes «se expresen de manera pacífica, sin atacar los bienes públicos y privados».

Según los servicios de seguridad, se llevaron a cabo 70 arrestos.

Pero, por la tarde, «todos los detenidos» de uno de los principales cuarteles de la policía de la capital fueron liberados, según la Agencia Nacional de Información (ANI).

«Nos explotan»

Amnistía Internacional pidió a las autoridades «poner fin inmediatamente al uso excesivo de la fuerza contra manifestantes pacíficos».

Las fuerzas de seguridad lanzaron «enormes cantidades de gas lacrimógeno» contra la multitud, «persiguieron a manifestantes por las calles [..] y les golpearon», indicó la oenegé en un comunicado.

El movimiento de protesta estalló el jueves después de que el gobierno anunciara un impuesto sobre las llamadas que se efectúen a través de las aplicaciones de mensajería internet.

Las autoridades acabaron por renunciar a ella ante la presión popular, pero el hastío se canalizó hacia la situación económica y política en general.

El movimiento se extendió por algunos feudos del poderoso movimiento chiita de Hezbolá y de su aliado, el partido Amal.

En Tyr, donde el jefe del Parlamento y jefe de Amal, Nabih Berri, fue acusado de fraude la víspera por los manifestantes, decenas de sus partidarios atacaron el sábado a los contestatarios, según un testigo.

En un comunicado, Amal denunció estas agresiones y afirmó su deseo de «abrir una investigación».

En Trípoli, en el norte del país, una manifestante, Hoda Sayyur, de unos 50 años, aseguró que continuará protestando. «Nos explotan y no hacen nada por mejorar los servicios», lamentó.

Más de una cuarta parte de la población de Líbano vive bajo el umbral de la pobreza, según el Banco Mundial.

La clase política, prácticamente la misma desde la guerra civil (1975-1990), es acusada de corrupción y nepotismo en un país con unas infraestructuras deterioradas.

«Mensaje ensordecedor»

El viernes, las escuelas, las universidades, los bancos y las instituciones públicas cerraron. Los bancos seguían cerrados el sábado.

Tras haber lanzado el viernes un ultimátum de 72 horas a sus socios de coalición -a los que acusa de impedir sus esfuerzos de reformas-, el primer ministro, Saad Hariri, llevó a cabo reuniones de consultas el sábado con diputados, ministros y economistas.

Líbano se comprometió en abril de 2018 a iniciar reformas durante una conferencia internacional a cambio de promesas de préstamos y donaciones por un total de 11.600 millones de dólares.

Pero estas no llegan, debido a la inacción de las autoridades y a incesantes bloqueos políticos. Mientras, la deuda pública del país alcanza más de 86.000 millones de dólares, es decir más del 150% del PIB, tercera tasa más alta en el mundo.

El primer ministro había insinuado el viernes que podría dimitir.

El sábado, el líder de Hezbolá, Hasan Nasrallah, expresó su oposición a una dimisión, pero pidió que se responda «al mensaje ensordecedor de los manifestantes».

Su discurso suscitó la ira de algunos de ellos.

«¡Líbano es más importante que Siria!», declaró un manifestante a una cadena local, en alusión a los combates que libra Hezbolá junto al régimen sirio de Bashar al Asad en la guerra en el país vecino.

AFP

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