El mayor de los hermanos Faddoul habría cumplido 30 años este mes

El mayor de los hermanos Faddoul habría cumplido 30 años este mes: Una amiga lo recuerda y comparte la historia que vivieron

Foto: Agencias

Un suceso que entristeció a toda Venezuela fue el secuestro, con un fatal desenlace, de los hermanos Faddoul y su chofer Miguel Rivas, el 23 de febrero de 2006.

John Bryan, Kevin y Jason, de 17, 13 y 12 años respectivamente, eran hijos de un empresario canadiense de origen libanés que residía en la urbanización Colinas de Vista Alegre, en Caracas.

Una falsa alcabala, ubicada de forma estratégica en un punto del trayecto entre la casa y la escuela donde estudiaban los jóvenes, inició la macabra historia que enlutó dos hogares y ensombreció a todo un país.

Al día siguiente del secuestro, los implicados llamaron a los padres de los adolescentes y les exigieron la cantidad de 10 millones de bolívares ($4,5 millones).

Tras 38 días de angustia e incertidumbre los cuerpos de los hermanos y del chofer de la familia, Miguel Rivas,  fueron localizados el 4 de abril, en una zona boscosa cercana a Caracas. Disparos de escopeta a la cabeza, truncaron los sueños y el futuro de cuatro venezolanos.

Después de las investigaciones se demostró que en el hecho participaron seis oficiales de la Policía Metropolitana de Caracas.

De no haber sido asesinados, John Bryan habría cumplido 30 años el pasado 15 de septiembre, mientras que sus hermanos  Kevin y Jason tendrían 26 y 25.

Detrás de cada persona hay un cúmulo de historias, de personas que nos aman y recuerdan. En la red social Twitter, la usuaria @ykguorm dio a conocer su amistad y hondos sentimientos por el mayor de los hermanos Faddoul. No requiere mayores presentaciones, solo disponer el corazón para leerla.

“Todos hemos tenido un amor platónico, uno que recuerdas con cariño sin importar los años que hayan pasado. Yo tuve el mío y jamás lo he olvidado.

A John lo conocí en el año 2005 en un salón de clases. Era mi 5to año del colegio y al comenzar el periodo escolar le pedí a mi mamá que me inscribiera en un propedéutico y así prepararme para las pruebas universitarias.

Escogí con mis amigas uno cerca de casa en el turno sabatino. En ese momento ya sabía que quería estudiar ingeniería por lo que decidí ver clases sólo para ello.

Llegué el primer sábado de clases emocionada y tal vez con mucho sueño porque siempre he sido floja para despertar. Eran al menos unas 15 personas en el salón, todos con aspiraciones de ser ingenieros en el futuro. No conocía a nadie allí así que hice un reconocimiento rápido de caras y ahí, justo en la hilera de pupitres pegada a la pared, estaba John.

John era alto, muy alto, blanco, cabello castaño, y por algún motivo siempre estaba sonriendo. Para mi hormonas adolescentes, John era lo más bonito que había visto en mis 16 años de vida así que lo vi incansablemente durante esa mañana.

Nos tocó presentarnos a todos, y ahí supe que vivía en Vista Alegre, que tenía 17 años y quería estudiar Ingeniería en telecomunicaciones. «Perfecto, vivimos cerca, queremos estudiar casi lo mismo y es mayor que yo» pensé yo, que ya tenía miboda armada en la cabeza.

No soy precisamente penosa para hablarle a una persona, pero John nunca estaba solo porque tenía muchos amigos adentro y fuera del salón, así que sólo me conformaba con verlo y contarle a mis amigas que estaban en los salones de Salud y Humanidades.

Pasaron los sábados y fui conociendo a todos, haciendo amistades. Nunca faltaba, quería ver a mi John y encontrar la posibilidad de hablarle, y ese día finalmente llegó. Él se me acercó a preguntarme por un ejercicio que yo había resuelto,

Casi me muero, pero pude responderle naturalmente. Ese era todo el impulso que necesitaba para poder llegar cada sábado a saludarlo y con suerte hablar un rato, así lo hice y cada vez que sabía algo nuevo de él estaba convencida de que era más bello de lo que yo pensaba.

Llegó Diciembre y con él los bazares navideños. Una noche, fui a uno con mis amigas, en Vista Alegre, luego de un juego de béisbol (Ccs-La Guaira) y ahí estaba John, con la misma sonrisa de siempre. Mis amigas y yo gritamos de la emoción y me armé de valor para ir y saludarlo.

Apenas me vio se emocionó, me abrazó, casi me da un infarto y hablamos un buen rato, luego me dijo «Ven, quiero presentarte a mis amigos, ya los debes haber visto en el curso», me tomó de la mano y me llevó a saludar a sus amigos, me quedé un rato con ellos y me fui, porque en alguna revista adolescente había leído que me hiciera un poco la dura.

Mi emoción era tal que todavía recuerdo ese día con claridad, la felicidad que sentía. Al momento de irme del bazar, me acerqué de nuevo a John para despedirme, me abrazó de nuevo y me fui, FELIZ.

El último sábado de clases antes de navidad, ya me sentía empoderada para pedirle su MSN y así poder hablar en vacaciones. Se lo pedí a todo el salón para que no fuera tan obvio pero solo sólo me importaba ese. Hablamos poco en navidad pero para mí era suficiente.

Llegó el año 2006 y las pruebas universitarias. Yo presenté en la UNIMET, porque quería ver cómo era esto antes de enfrentarme a la UCV. Quedé en la UNIMET, entre los primeros 30 admitidos, no le dije a nadie, pero esos resultados llegaron al curso y me felicitaron públicamente.

John apenas escuchó, fue hasta mi puesto, me abrazó y me dijo «Eres demasiado brillante, eres un genio». Yo no lo sentía así, pero que él lo pensara me elevó a los cielos. Desde ese día comenzó a llamarme Genio, y hablábamos cada vez más.

Una vez lo escuché en el cafetín hablar del amor, que para él no importaba como luciera la persona siempre y cuando estuviera feliz, me sorprendía que pensara así porque lo que había conocido hasta ahora en mi generación era lo contrario.

El 18 de febrero, nos vimos en el curso y solo unos pocos habíamos ido, así que en el recreo nos sentamos a hablar. John me admiraba porque ya yo tenía cupo en una universidad y él tenía miedo porque su carrera era solo en la UCAB, así que era ahí o nada.

Me contó que era jugador de béisbol desde niño y que había pensado en abrirse mundo por allí, pero que finalmente decidió estudiar porque le fascinaba lo que leía sobre ingeniería en telecom. Yo le di ánimo, le dije que estudiaríamos full para la prueba de La Católica, que era en 3 semanas, él me agradeció y me dijo «Es que me da miedo no lograr ser lo que quiero».

Al final del curso, salimos juntos a la puerta, a John lo buscaba siempre un carro gris y yo esperé con él. Hablamos de los cumpleaños, me dijo que el 15 de septiembre sería mayor de edad, me preguntó a mí y le dije que en mayo apenas tendría 17 años. Prometió felicitarme antes de montarse en el carro.

El jueves 23, hubo un revuelo en mi colegio porque en la mañana habían secuestrado a 3 jóvenes y su chófer en una alcabala falsa en Bella Vista. Me sorprendió mucho la noticia y me asusté porque muchos de mis amigos vivían por allí.

El viernes, estando en casa, recibo una llamada de una amiga que solo me dijo «Yoha, los muchachos del secuestro son John y sus hermanos». Le tranqué y salí corriendo a la calle, a buscar un periódico, algo que comprobara eso y lo conseguí. Ahí en primera plana estaba él y sus hermanos menores, bajo el titular de la nefasta noticia.

Recuerdo haber llorado mucho, pero recé y le pedí a Dios que los cuidara. Llegó el día de presentar en la UCAB y estuve a punto de poner su nombre en mi hoja, por si quedaba, él ya tendría el cupo. Fui a misas, vigilias y protestas durante mes y medio y le dediqué la canción Volverte a ver, de Juanes.

El 4 de abril, mi teléfono reventó en mensajes de una amiga del curso, a quien le confesé mi amor por John, con la peor de las noticias, habían encontrado 4 cuerpos con la descripción de ellos. No podía ser, esperé hasta las 8, aún con el uniforme puesto, frente a la PC.

Arianna que era cercana a los amigos de John, me escribió de nuevo, la familia confirmó la identidad de los 3 hermanos y su chófer. Lloré hasta quedarme dormida. Lloré los días siguientes, lloré cuando llegaron los resultados de la UCAB con mi admisión, porque ese cupo no era para mí.

El miedo de John de no lograr ser lo que quería se había materializado. Soy mala para recordar caras pero nunca he olvidado la suya con la sonrisa eterna, así como tampoco su cumpleaños.

Al tiempo me escribió su mejor amigo y me dijo Genio, John te tenía mucho cariño. Me sentí mal porque nunca le dije a John que era mi amor platónico, pero sé que donde esté ya lo debe saber y reír con esa boda que soñé tanto. Espero que su familia haya encontrado consuelo y que  hayan muchos como él”.

En aquel colegio caraqueño donde estudiaron  John Bryan, Kevin y Jason Faddoul hay una placa en su memoria, donde puede leerse: “Nadie muere mientras permanece vivo en el corazón de alguien, recuerdo de sus compañeros, abril 2006”.

No hay duda,, el recuerdo y los afectos nos hacen eternos.

Noticia al Día / F. Reyes

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