De albañil a "cepillaero" para no morir de hambre, y ahora los cortes eléctricos le impiden hacer el hielo en su hogar

De albañil a «cepillaero» para no morir de hambre, y ahora los cortes eléctricos le impiden hacer el hielo en su hogar

De albañil a "cepillaero" para no morir de hambre, y ahora los cortes eléctricos le impiden hacer el hielo en su hogar

Foto: Leonel Sandrea.

A diario Pedro Ruiz como todos los ciudadanos, sale a ganarse la vida y poder llevar el bocado a su hogar. Se dedica a vender cepillados desde hace aproximadamente cinco años, en la estación de servicio Santa Fe, en la avenida La Limpia de Maracaibo.

Ruiz comentó que nació en Cartagena, Colombia, y que desde chamo trataba de sobrevivir trabajando en una panadería, pero en medio de la grave crisis que su país atravesaba en los años 80, se le hizo imposible surgir y tomó la decisión de emigrar de su tierra a Venezuela, en busca de un mejor futuro.

Cabe resaltar que la tierra colombiana en la década de los 80 atravesaba una triste y lamentable crisis. El país vecino estaba hundido en secuestros, extorsiones, asesinatos, guerra por parte de la grupos irregulares, problemas políticos, y una frágil economía que dio paso al desarrollo del narcotráfico.

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Caracas fue la primera cuidad que le abrió las puertas en Venezuela para labrar su futuro. Desde entonces (años 90) se dedicó a la albañilería en la capital, donde vivió por 20 años. Pedro empezó a ver el fruto de su esfuerzo,  pudo obtener su casa y mantener su hogar conformado por hijos y esposa.

Al transcurrir los años, la situación se fue apretando un poco, empezaron a brotar dificultades, problemas y su situación fue decayendo. Pues su labor como albañil no la pudo seguir realizando porque el cemento escaseó por un buen tiempo,  y después tenía un costo excesivo.

Posteriormente, al ver que cada vez tenía menos oportunidades de trabajar, que el país se sumergía  en escasez, miseria y hambre, hace cinco años, rodó hasta nuestra cuidad Maracaibo, la tierra del sol amado.

 

 

Con un rostro bastante agotado, el señor Pedro, de 67 años, vestido con unos jeans, un suéter y zapatos deteriorados, golpeado totalmente por la situación, se vio obligado a hacer cualquier cosa para sobrevivir y empezó a dedicarse a vender cepillados, utilizando su carrito elaborado con madera, latas, y un techo improvisado con plástico de color rojo con blanco, permaneciendo por horas en su lugar de trabajo, soportando el ardiente sol que hace en la región, rogando a Dios que su día sea mejor que el anterior.

El  cepillado es un tipo de bebida a base de hielo y jarabe que es muy vendido en todo el Zulia, una buena opción para refrescarse de las temperaturas elevadas que se registran en la región.

Anteriormente sin puesto fijo, Ruiz rondaba por las calle de la ciudad, debido a que sus ventas se vinieron abajo por la falta de efectivo, cortes descontrolados de electricidad, entre otros; por consiguiente, tomó la idea de quedarse en la estación de servicio aprovechando la inmensa cola que hacen los conductores para surtir su auto de combustible.

 

 

El referido puesto de trabajo actual, el señor de piel morena, de estatura baja, nativo del hermano país, es testigo de una pequeña dosis de crisis, observa un escenario de «marañas», largas colas y constantes discusiones entre los choferes.

Cada mañana luego de vender su primer cepillado, se persigna y dice “este es el nombre de Dios”. Pedro, “el cepillaero” nos comenta que por día vende 35 y cuando le va bien 50 a 5.000 Bs.

«¡De que los tenéis!» es la frase más utilizadas por los conductores y transeúntes que se acercan a refrescarse con un «cepillaito», a lo que él responde: “los tengo de cola, tamarindo, piña, guanábana y limón”.

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Pedro expresa que en los últimos días no le ha tocado fácil porque ya no puede hacer el hielo en su casa, a causa de los cortes eléctricos, “ahora me toca comprarlos porque ya en mi casa no los puedo hacer, pero igual resuelvo, sigo en la lucha”, comentó.

Se desconoce si el señor de la tercera edad recibe alguna ayuda por parte sus hijos (que no están en el país), algún bono, o por parte de la gran misión amor mayor.

Esta historia, tanto como la de la de Guillermo Rodríguez, el cirujano de zapatos, también colombiano que dedicó 12 años de su vida montando suelas para la empresa Sifrina’s, son similares de adultos mayores que gracias a una u otra dificultad han venido a este país, que por mucho tiempo fue una nación de oportunidades,  que lastimosamente han quedado haciendo oficios diferentes a los anteriores, buscando una luz al final del túnel,  tratando de conseguir una salida triunfadora ante la terrible situación.

 

Angélica Hernández / Pasante

Fotos: Leonel Sandrea

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