Un bajón casi me deja sin Toy Story 4: Gracias a Dios existe el botón de retroceder

Un bajón casi me deja sin Toy Story 4: Gracias a Dios existe el botón de retroceder

Como niña chiquita me puse cuando en el cine iban a estrenar la popular película Toy Story 4, desde entonces comencé a planificar para ir a verla, pero los números “no daban” y darse un gusto hoy en día sale “caro”.

Después de varias semanas, dos amigos más se sumaron a este momento libre, luego de una agitada y larga semana de trabajo. Ese día previamente ya habíamos comprado las entradas para Toy Story 4, gracias a una “cola” que nos dieron al mall, éstas tenían un costo de 25 mil bolívares por adulto.

“Es seguro, hoy vemos la película”

Todo estaba listo. Ahora venía el dilema de cómo nos moveríamos al lugar, porque la sala de cine que elegimos quedaba bien lejos de donde vivimos. Decidimos pagar un taxi entre los tres, la “carrerita” costaba 50 mil bolívares en efectivo y 70 mil por transferencia. “Lo que hace uno para distraerse un rato”, nos decíamos uno al otro, buscando darnos ánimos.

La película comenzaba a las 6:50 de la tarde, ya estábamos sobre la hora. Compramos un combo grande de cotufas que venía acompañado de dos bebidas y un pirulín, tenía un valor de 67 mil bolívares y adicional a esto pedimos otra bebida y un chocolate, por lo que terminamos pagando 85 mil bolívares.

Llegamos a la sala dos y aquello fue impresionante: no estaban todas las butacas llenas como solía ser antes. Pasaron a la historia esas salas de cine repletas donde se pedía permiso para poder acceder a un puesto o se disculpaba uno por andar en medio de la oscuridad buscando dónde sentarse.

Se apagaron las luces. Se encendió la pantalla y empezó a rodar la película. Los niños a mi alrededor se emocionaron, y tampoco faltó aquel papá que tomó fotografías para capturar aquel momento.

Un bajón

El olor a cotufas se sentía, el sonido de los paqueticos de dulces se escuchaba al igual que otra carcajada, acompañada de un gran sorbo de la bebida. Woody el vaquero y el clan de amigos no dejó de sorprender, la saga animada tiene lo suyo.

Todos entretenidos. Y un bajón nos sorprendió, hubo quienes se molestaron y expresaron su malestar, otros sacaron un chiste del mal rato, mientras que otros decidieron irse de la sala.

Todo quedó a oscuras por un momento que pareció eterno, segundo después las luces hicieron como arbolito de navidad y respire “no perdí los cobres”, y acto seguido me repetí “Lo que pasa en TNT se queda en TNT”, como el famoso slogan del canal de películas.

Tiempo después, la pantalla volvió y la película la habían retrasado unos minutos. Me sentí como en casa, cuando uno le daba retroceder al betamax, en el fondo quería que ya acabara, tenía susto de que se fuera la electricidad sin haber visto el gran final. Esto ultimó se sintió como si te persiguieran para quitarte tus momentos de paz y tranquilidad en algún lugar de Maracaibo.

Divertirse hoy día cuesta más que un sueldo mínimo. Planificarse a veces sale más caro, porque los precios suben día a día en el mercado,  sin aprobación de nadie, sin aviso y sin protesta.

Francys Medrano / Noticia al Día 

Ilustración: Jairo Garcia 

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