Ocho años de cárcel para exjefe paramilitar por violar más de 200 niñas

Ocho años de cárcel para exjefe paramilitar por violar más de 200 niñas

‘El Taladro’ era el sobrenombre que más le causaba gracia al exjefe paramilitar Hernán Giraldo Serna, y con el que prefería que se le conociera, por encima de otros que daban cuenta de su condición de hombre temido y sanguinario, como ‘El Tigre’ o ‘El Patrón’.

El amo y señor de la inmensa Sierra Nevada de Santa Marta desde mediados de la década del 80 hasta su extradición a Estados Unidos en 2008, se vanagloriaba así de su apetito y potencia sexual, que le dio para engendrar a cerca de 70 hijos, según las cuentas más osadas, o 38, de acuerdo con su confesión ante la Fiscalía. A muchos les dio armas desde niños y los puso a cuidarle la espalda.

Por delitos como violencia de género, desaparición forzada, reclutamiento ilícito de menores, homicidios y financiación de conductas ilícitas, el Tribunal de Justicia y Paz de Barranquilla acaba de condenarlo a 40 años de prisión, que serán sustituidos por 8 años efectivos al haberse sometido a la justicia tras la desmovilización de paramilitares en el primer gobierno de Álvaro Uribe.

Una de las personas que más conoce su historia es la investigadora samaria Norma Vera Salazar, magíster en derechos humanos y secretaria del Interior del Magdalena, quien documentó el reinado del terror de Giraldo durante un poco más de dos décadas en el Magdalena con un trabajo titulado ‘La violencia sexual como arma de guerra, en el contexto del accionar del frente Resistencia Tayrona’, expuesto en el VII Congreso Internacional de Ciencias Sociales en París, cuyos apartes más escalofriantes ya se conocen.

Uno de los aportes más importantes de la investigación es que definió el perfil de las víctimas: niñas de tez clara, entre los 10 y los 14 años y con caderas anchas. De las 200 menores que habría abusado, algunas con la complicidad de sus padres, quienes las llevaban al cuartel general de Giraldo en la Sierra en busca de beneficios económicos o simplemente de que les perdonara la vida, solo hay registro de una con piel morena en la investigación de Salazar.

«En esta lógica de la guerra y de la muerte, el cuerpo de las niñas era el que se utilizaba como instrumento generacional para poder tener hijos que luego engrosaran las filas de sus tropas.Muchas de estas niñas eran sometidas a esclavitud sexual o doméstica, y una vez abusadas por Giraldo no podían volver a tener relación sentimental o sexual con otros hombres», explicó la investigadora.

Algunas, las favoritas, ni siquiera sabían que eran ni siquiera sabían que eran víctimas porque Giraldo las complacía con regalos costosos que incluían carros, terrenos o fincas. No convivía con ellas, sino que le gustaba tenerlas en cada vereda a la que llegaba o en su centro de operaciones en Machete Pelado, Sierra adentro.

Este pedazo de la historia, conocido por muchos, pero que había sido mantenido en silencio por la mayoría de las víctimas, cobra vigencia ahora que se aproxima el regreso de Giraldo a Colombia, pues en dos años acabaría de cumplir la pena de 16 años por narcotráfico a la que fue condenado en Estados Unidos, tomando en cuenta el tiempo que ha transcurrido desde su entrega en el proceso de Justicia y Paz en 2006 para la desmovilización de los paramilitares.

El fallo del Tribunal de Justicia y Paz también documenta que la organización criminal de Giraldo dejó 10.641 víctimas de distintos delitos, de los cuales 1.546 corresponden a homicidios en combates o selectivos. Los deplazamientos forzados afectaron a 6.708 personas y hubo 721 casos de desaparición y 58 de menores reclutados. La sentencia recoge, además, los testimonios de unas 50 víctimas de abuso sexual.

Se trata de la primera condena de este tipo contra este campesino caldense que se instaló en los años 70 en la Sierra y desde ahí formó un ejército con muchos de sus hijos, algunos de los cuales sobreviven y han continuado su reinado del terror.

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