La gran narrativa del chavismo (Diego Varela Parra)

La gran narrativa del chavismo (Diego Varela Parra)

Diego Varela Parra.

Las ideologías como cuerpos teóricos de los sistemas políticos más conocidos (llámese capitalismo, socialismo, monarquismo, fascismo etc.), se caracterizan por sus componentes a saber: las ideas fundamentales, que son sus premisas medulares, su filosofía o esencia, las propuestas del manejo del Estado de acuerdo a sus ideas fundamentales y por último, las “narrativas” es decir, la manifestación discursiva dirigida a explicar a la gente o población, sobre los efectos a futuro de una gestión en particular.
Generalmente las narrativas son creadas por un líder, imponiéndola sobre la mayoría como un “deber ser” o justificando “lo que no pudo ser.”

Las narrativas ideológicas fueron analizadas cuidadosamente con anterioridad a la segunda guerra mundial y fueron utilizadas profusamente para justificar los eventos venideros y la posterior reestructuración de los territorios conocidos. Fue quizás la primera guerra ideológica impulsada por nacionalistas, fascistas, comunistas y liberales disputándose los espacios en Europa y el mundo occidental. Luego durante la llamada guerra fría entre los modelos capitalista-liberal liderada por estados unidos y la socialista-
soviética liderada por Rusia, en la cual se explayaban las virtudes de una y las deficiencias de la otra, configuraban la creación de dos gigantescos bloques que se oponían frontalmente. Hoy en día las ideologías políticas se han vuelto omnipresentes y justifican el quehacer humano en todos sus órdenes.

Las razones para mantener modelos de narrativas ideológicas en el tiempo son: Primero, desarrollar una estructura argumentativa coherente para “justificar” una realidad determinada, segunda, tratar de explicarla a una colectividad y tercera lograr la adhesión social. Así se justifican todas las acciones, no solo la pertinencia de la llamada democracia burguesa, sino la justificación del control de los medios de producción, la orientación del estado “colectivo”, bajo la egida de un solo partido, los alcances y limitaciones de la propiedad privada y la libertad en general. Estas narrativas chocan entre sí, de acuerdo a su contenido ideológico-discursivo o manipulador, sean de izquierda o derecha, capitalismo o comunismo.

Cada una con sus características conservadoras o progresista, según la visión que tengan de la política y el desarrollo. Muchas veces un líder logra llevar una narrativa con tanta fuerza que arrastra a una población a situaciones no deseadas por la misma. No pocos países han transitado de manera forzosa de modelos democráticos liberales a regímenes autoritarios o despóticos, justificados por resultados electorales manipulados por narrativas engañosas. Uno de los casos más emblemático y reciente en América Latina es la elección y posterior reelección del fallecido presidente Hugo Chavéz, líder populista que impulsó una Asamblea Nacional Constituyente, con la finalidad de cambiar la correlación democrática que mantenía cierta forma de equilibrio social.

Hay que advertir que a diferencia de otras ideología discursivas, tratar de ubicar el chavismo es hasta cierto punto complicado, en parte debido a su pragmática naturaleza, de una marcada línea de izquierda dura (en parte por la influencia cubana) mezclada con ideas nacionalistas e independentistas centradas en la figura de Simón Bolívar y la gesta independentista venezolana, confiriéndole una extraña mezcla de justicia social con liberación del oprimido ante su opresor.

La otra característica es su improvisada naturaleza al promover su ideología, que en vez de conformar una especie de tratado o manual de manera concisa, el expresaba sus propósitos en programas maratónicos de televisión y radio llamado “Alo presidente” donde trataba diferentes tópicos, relacionados a su gestión como presidente y adelantar sus propósitos futuros en Venezuela. Para cualquier desprevenido, la impresión era de espontaneidad e incoherencia, pero lo cierto era que sus números de ascendencia sobre la opinión de sus escuchas era sumamente alto, a tal punto que fácilmente podía convocar a cualquier sufragio y ganarlo fácilmente. Aunque metodológicamente era incoherente, su estrategia rendía los frutos esperados y Venezuela se aprestaba a cabalgar raudo hacía el socialismo como forma de gobierno de modo y modelo político.

 Ese líder con su narrativa emprendía la dirección final al cual quiso llevar el país:  Burla y desafío: Los rasgos más sobresalientes de la narrativa chavista fue su siempre presente desafío a otros actores políticos, líderes mundiales e incluso países.

La jocosidad, arrogancia y constante irrespeto a los demás, le imprimían una característica muy peculiar a sus discursos. Decir por ejemplo, que “por aquí pasó el diablo”refiriendo al presidente George w Bush había tomado el podio y luego que “huele a azufre por aquí”, llamarlo ebrio o ganador seguro en cualquier olimpiada de emborracharse”, demostraba muy poco decoro al referirse a otros líderes. Llamar a los Estados Unidos “el imperio del mal”, etc., también radicalizaba su actitud en una posición casi bélica.

Pero esta actitud no era nueva, ya antes ridiculizaba a actores políticos nacionales, llamándolos con una variedad de calificativos denigrantes como “pitiyankes, vende patrias, traidores, majunches”. Gritar “exprópiese” al momento de expropiar empresas, calificar la victoria de la oposición (y la única derrota electoral que tuvo en todo su periodo y vida) de “victoria de mierda” dejaba en claro que Chávez practicaba con habilidad el extraño arte de la confrontación verbal, la generación de conflicto nacido de la controversia como estrategia narrativa y quizás uno de los más grandes expertos en su uso en toda la historia de Venezuela.

En efecto el uso de tales improperios, ha generalizado un comportamiento que podría calificarse claramente de indecoroso, abusivo y hasta grosero, pero que estimula la simpatía de sectores de la población que interpretan en esa conducta el rol de un líder “guapo y apoyao” capaz de desafiar a líderes y países más grandes o poderosos. Las razones de esta forma de interacción para con sus contrarios esto son varias, siendo la primera de esta crear y mantener el perfil de un líder duro, contestatario y justo, parecido a Emiliano Zapata en México, Pancho Villa, también en México, Fidel Castro en Cuba. La manera sencilla y llana de su lenguaje busca penetrar a los estratos sociales que prefieren que se les hable claro y “raspado”, con el lenguaje de la calle. Esta forma de comunicarse crea un aura de naturalidad y “bonachismo” a su alrededor, creando la percepción de “claridad”, de ser visto como una persona común y corriente, diferenciándose de políticos más convencionales.

Basta decir que la utilización de la irreverencia, a largo plazo termina por normalizar el comportamiento grosero, inapropiado y falto de profesionalismo de aquellos que nos representan. Incluso crea una especie de simbología psicológica de igualdad entre los pares, porque “mi presidente habla como yo y no me es difícil entenderlo y por ende seguirlo” dejando de lado el inmenso poder que conlleva el puesto de presidente. Poco se habla de las “terribles” cosas que en alguna oportunidad ha dicho Chávez y el resto del chavismo simplemente porque su narrativa fue capaz de lograr “un acuerdo” tácito entre el público y el mismo, es decir, nos hizo sentir que hubiéramos dicho lo mismo ya que nosotros “pensábamos lo mismo que nuestro presidente”, ignorando las palabras de quien piense diferente.

Fuerza Militar, centralismo y lucha eterna. Uno de aspectos más interesante del chavismo es como su narrativa movió el tema militar y la integra a la vida civil. Este fenómeno, que el propio Chávez llamo “unión cívico-militar” viene de la mano de Fidel Castro, mentor del fallecido presidente venezolano en casi toda su presidencia. Este proceso se consolida con la politización del ejército al llamarlo “socialista” y estereotipar los juramentos de “chavistas, anti imperialistas y profundamente chavista”. Con esta acción se transforman las fuerzas armadas, no para proteger el sistema más allá de los actores político y representar a todo los ciudadanos, sino que se convierten en el soporte de la revolución.

Estos es un concepto típico de la izquierda comunista más conservadora, siempre creyente en el efecto del estatismo, en el partido y el sistema se unen los dos en una simbiosis donde a instrucción se ve como una simple extensión de voluntad de los líderes y por lo tanto el deber de ejercito es acatar esta gran voluntad dirigida por el líder, Chávez desde una narrativa cuasi paternalista escondía la idea de que si el como dirigente del estado debía cuidar y garantizar la vida del “pueblo” que el vigilaba, entonces debía disponer de todo el poder para ello, en parte porque habían fuerzas más grandes, mas malévolas que siempre estaban al acecho y solo la completa disposición de la sociedad civil, dirigida por militares podían hacerle frente a esto, tal se ve en el modo en como el chavismo siempre se dirige a cada problema :
nunca es un contra tiempo, un problema administrativo o sencillamente un error, tales cosas quitarían el enfoque cuasi místico que tiene donde todo acto negativo solo se puede producir por la malicia de otros actores, de los cuales el chavismo se posiciona de forma curiosa como una víctima, siempre más débil al menos que el pueblo le de poder para hacerles frente, aun cuando pasado una década y medio el chavismo haya obtenido un control casi total de la sociedad venezolana se sigue viendo incapaz al menos que esta le demás, en una espiral de control que parece nunca terminar.

Ciertamente el chavismo nunca concreto esta narrativa de forma tan abierta porque es a todo los aspectos la más conocida por sus doble intenciones, de modo que en vez de glorificar a las fuerzas armadas, este sencillamente se revistió de civil para parecer comprometido con el sistema, en efecto es una de jugadas más efectiva fue como chaves como presidente logro pasar bajo sospecha la siempre temida sombra de un militar como presidente, dada la larga, sangrienta y muy turbulenta historia que la región tiene con el caudillismo y dictaduras de cierta índole, quizás revelando para muchos una cierta sorpresa de como dictaduras casi sacada la ficción de la guerra fría de décadas atrás.

Mas a pesar de todo, no es esta la principal característica narrativa del chavismo, sus auto-proclamaciones de ideología izquierdista
abierta estaban y aun están sometidas al único imperante sobre toda las cosas, y esta a continuación.
Bolívar y el eterno regreso.

La figura de Simón Bolívar es una central en latino américa y mucho mas en Venezuela, conocido como el  Libertador, el hombre de las
adversidades y padre de la patria entre muchos otros títulos, representa una figura central para el venezolano y mucho mas para el chavismo, cuya exaltación se nota claramente en mucho de sus actos: renombrar el país república bolivariana de Venezuela, rehacer el rostro de bolívar luego de exhumar su tumba, sus constante alusiones al libertador y sus actos, en efecto el propio Chávez vinculó todos sus esfuerzos como una continuación de su proyecto de libertad para toda la región de poderes extranjeros.

En general esto no sería preocupante ni raro: la figura de alguien que lucho contra todo lo que el imperio español tuvo que lanzar, que sufrió al menos tres fuerzas consecutivas, levantó dos intentos de repúblicas que cayeron al poco tiempo y no solo se sobre puso al liberar el país sino que continuo a otros, siendo uno de los pocos emancipadores que logro librar más de un país a la vez, es fácil ver el porqué dar honores a tal figura seria primordial considerando que otros pagan honores a sus figuras liberadoras.

Más esto ignora o deja pasar dos factores. La primera es como latinoamérica ve su pasado o mejor dicho la falta de ella, los movimientos nacionalistas de toda las estirpes siempre buscan símbolos narrativos en los eventos de ayer, en las grandes gestas cuyo significado perduran, quizás para poder añadir su parte de historia y “cabalgar” en lo que se persigue como un camino transcendental, en dicho aspecto latino americe siempre se ha visto cortada por el hecho de que perceptivamente, no tenemos un pasado o no sentimos realmente que haya uno(exceptuando casos como méxico y los aztecas o Perú y los incas) siendo solo comunidades de indígenas viviendo una existencia estática por cientos de años(una percepción errónea que llevaría casi un curso de antropología para resolver) hasta que las potencias europeas vinieron a subyugar a las gentes en búsqueda de dominio tanto material, como político como religioso, dejando las semillas de lo que sería la futura latinoamérica como una mera casualidad de la historia.

Es en esta dualidad de ser parte de descuido, incompetencia y ambición de otros estados y existir como nación gracias a eso que latinoamérica sufre un problema de identidad que rara vez admite, mucho menos reconoce y hasta ahora no sabe como lidear, no es raro que el marcado sentimiento revanchista del chavismo remarcara la lucha independencias como el verdadero inicio de su historia, su mito creador por dar una analogía apropiada, mas esto a su vez esconde quizás la verdadera intensión del chavismo: la época independentista fue definida en casi su totalidad por militares como el centro de acción y el enfoque todo, y es ahí en realidad lo que el chavismo siempre ha querido todo este tiempo.

En efecto se podría decir que el uso de Bolívar, la gesta independentista y la lucha contra el imperio español y las adversidades es el pilar central donde descansa toda las otras facetas y donde se direccionó el país, no hacia el futuro en una nuevo paradigma sino en el retorno de uno antiguo, donde Venezuela es de nuevo una colonia manejada por intereses de un imperio lejano y descorazonado que solo lo ve como medios para su propia riqueza y Chávez, ensalzado como un neo-bolívar, un nuevo liberador sale al mando de un grupo de militares que logran dirigir el país en un llamado heroico a cuidar a un pueblo oprimido, donde todos los contratiempos, ya sean reales o ficticios, lejanos o
propios son transformados en grandes adversidades como las que sufrió el libertador y por lo tanto dotados de un carácter de sufrimiento heroico que él puede padecer junto a su nación, exaltándolo.

Es esta fantasía quizás la máxima expresión del chavismo, aquella que une todo los otros elementos de irreverencia a una autoridad mayor, de visión maquinea de la sociedad y aunque quizás sea difícil aceptarlo fue una que Chavez logró vivir: logro llevar siempre la narrativa en sus propios términos hasta morir, evento que también fue eventualito en el velo de un drama novelesco donde el elige a su sucesor como último acto antes de partir y no volver más, llegando el país incluso a pasar 5 meses sin un presidente claro pues la idea de no hacer nada hasta su ultima confirmación parecía un tema intratable, y paso sea dicho, ahora que “Bolívar” a muerto de nuevo estamos en esa época que a los venezolanos pasamos por alto: Una patria llena de caudillos, con un pueblo arruinado por la guerra dominado por la fuerza militar que tardaría décadas en poder desarrollar una democracia estable, bien podría decir al fin y acabo que Chávez transformó en Venezuela en su fantasía personal donde pueda sacar a la nación de las colonias, llevando al país efectivamente de vuelta al principio donde habíamos empezado.

Diego Varela

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