El ingenio que disfraza la calma de la economía cambiaria en Las Pulgas

El ingenio que disfraza la calma de la economía cambiaria en Las Pulgas: Crónica

Las Pulgas

Las Pulgas. Noticia al Día, Diseño: Jairo García

A las 11 de la mañana el característico calor del centro arropa a los dispersos transeúntes que escudriñan las vitrinas de los almacenes de Plaza Lago, el ambiente se torna tenso cuando subo las escaleras para encontrar un puesto específico dentro de la marea de sombrillas que adornan la vista al inicio de Las Pulgas.

En medio del gentío, me sorprendió ver el despliegue de una enorme cantidad de funcionarios  de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) en toda la avenida Libertador y la ausencia de los peculiares gritos que invadían el ambiente; ¡pesos, dólares!, al no verlos me pregunté, ¿dónde quedaron estos actores?.

Cuando vas a comprar en el tan popular mercado, es casi un milagro no ser abordado por un cambista sin buscarlo, incluso hasta hace una semana se evidenciaba un batallón de personas abanicando los fajos de billetes de punta a punta, desde Plaza Lago hasta el final del Unicentro Las Pulgas. A los carros que paraban a dejar a alguien en la acera Les caían como moscas.

Sin embargo, en la visita este no era el caso, la avenida Libertador estaba despejada, se podría decir que hasta pulcra, obviando la fila de motos, camiones blindados y la ballena militar acompañados de un fuerte despliegue anti motín que, según escuché, entre los buhoneros, estaban allí para contrarrestar el fenómeno de las casas de cambio ambulantes.

Mientras recorría los pasillos improvisados, observé que algunas personaS murmuraban y miraban con recelo a los guardias cuando pasaban haciendo la ronda. En un susurro pasajero logré escuchar la conversación entre dos comerciantes -¡está pendiente y me avisas cuando vengan los guardias!-, confundida por el comentario decidí volver a las escaleras de Plaza Lago buscando un poco de sombra para continuar comprando, en ese momento descubrí que la calma que había en el ambiente solo era una obra que disfrazaba las actividades de la economía cambiaria en el casco central.

Luego, parada en medio del pasillo, observé detenidamente mi alrededor, no pasaron ni cinco minutos cuando un joven se me acercó, aproximadamente de unos 18 años, era casi un niño a mi parecer, pero con dos cajas de cigarrillos y unos encendedores me dijo: «chama, ¿vas a cambiar?», en ese instante no reaccioné, pues en mi mente solo pensé en el descaro que tuvo el hombre de abordarme a unos pocos metros de tres guardias nacionales.

En ese instante se hizo más evidente los nuevos mecanismos de camuflaje de los cambistas, desde vendedores de cigarrillos, chupetas y bolitas de leche, los comerciantes informales se mofaban entre ellos de cómo cada quien interpretaba su nuevo papel, mientras las aguas se calmaban. Las pacas de billetes a la vista disminuyeron luego de la presencia de los militares, si embargo, los cambistas se las ingeniaron para seguir en la jugada de la casa cambiaria del «Banco Central de las Pulgas».

 

Any Vargas/Pasante

Noticia al Día

 

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