Venezolanos cuelgan sus títulos en la pared y se van fuera del país a trabajar en lo que sea

Venezolanos cuelgan sus títulos en la pared y se van fuera del país a trabajar en lo que sea

“Un día tuve que ir de emergencia al hospital de pueblo por una estilla que se metió en mi ojo. Nunca creí verme en estas circunstancias: de carpintero, barbero y ayudante de cocina… pero por los hijos uno hace lo que sea”

Desde el año 2015 hasta la actualidad, son más de cuatro millones de venezolanos los que han huido de la crisis política y económica dejando atrás sus hogares, familias y trabajos en búsqueda de una mejor calidad de vida, como es el caso de Luis Gutiérrez y Maricarmen Serrano, una pareja joven de Maracaibo que en Noviembre del 2018 decidieron partir de su país en compañía de sus dos pequeños, una niña de 10 años y un niño de 6 años.

Gutiérrez en su país se desempeñaba como Contador Público, egresado de la Universidad Rafael Belloso Chacín, mientras que su esposa Maricarmen era Tsu en Educación Preescolar y laboraba como maestra de educación inicial.

En Maracaibo, la familia Gutiérrez Serrano poseía un vehículo propio, vivían en una casa al cuido de una familia que ya se había ido a Colombia hace algunos años y poseían sus propios bienes como televisor, nevera, aire acondicionado, entre otros. A medida que la situación económica fue empeorando, sus sueldos como profesionales cada vez rendían menos, alimentar a sus niños se habría vuelto un reto, así como mantener el vehículo, su hogar y en general sus modos de vida.

La decisión de partir fue tomada al observar la mala alimentación que recibía su núcleo familiar, al tener su vehículo parado por falta de recursos para repararlo y que por más que trabajaran en exceso, la situación era la misma, no había progreso, al contrario, la crisis día a día empeoraba.

¿El principal problema?, ninguno de los integrantes de la familia Gutiérrez tenía pasaporte, ¿Qué hacer? ¿A dónde ir? Eran las incógnitas que daban vuelta en sus mentes. La pareja comenzó a vender los pocos bienes que poseían con gran tristeza, pues con mucho esfuerzo los habían adquirido y ahora se veían en la necesidad de venderlos para dejar todo atrás, a sus padres, hermanos, amigos y el país que los vio nacer.

La solución del pasaporte nunca llegó pero el desespero por salir del país era mucho mayor. El destino que finalmente trazaron para migrar fue Ecuador, país en donde contaban con unos amigos que los recibirían por unos meses mientras encontraban un trabajo y un lugar donde vivir.

El miedo de salir de su país sin apostillar papeles, sin pasaporte era una situación que los agobiaba pero tomando en cuenta que viajaban con dos menores, se arriesgaron encomendándose a Dios esperando que él les abriera los caminos para llegar a su destino sanos y salvos en búsqueda de un mejor futuro, un futuro que era incierto, ¿Qué les esperaba en aquellas tierras desconocidas?

“Que lamentable es tener que despedirse de sus hijos, tener que decirle ‘adiós’ a nuestros nietos, sin saber si algún día volveremos a verlos” comentó Lida Vargas, madre de Maricarmen, días antes de partir al país hermano.

El 2 de Noviembre del año 2018, Luis y Maricarmen con sus dos hijos entre dolor y lágrimas se despidieron de sus familiares y partieron a lo que ahora sería su nuevo hogar. Tras tres días de viaje logran entrar a Ecuador sin percances, radicándose en un pueblo llamado “Riobamba”, un ambiente totalmente distinto a lo cual estaban acostumbrados, acentos y tradiciones diferentes, un nuevo estilo de vida al cual debían adaptarse.

En poco tiempo Luis comenzó a trabajar como ayudante de carpintería, lijando maderas, cortando troncos con un salario mal pagado por ser inmigrante ilegal; su esposa no correría con la misma suerte, pues en el pueblo había pocos empleos para mujeres y siendo profesional en su país de origen, ahora ese título no tendría ninguna validez en tierras ecuatorianas.

Con el pasar de los días hubo roces con xenófobos que les humillaban “por ser venezolanos” pero así como se consiguieron que con gente que les dio la espalda, conocieron personas buenas, ecuatorianos que le extendieron las manos. Pudieron alquilar una pieza, mejorar su alimentación, sus niños ingresaron al colegio y Maricarmen empezó a trabajar limpiando el hogar de la dueña de la pieza y cuidando a sus hijos.

Gutiérrez comentó que luego de casi 5 meses después trabajando como carpintero (trabajo que nunca había hecho anteriormente en su antiguo país), sus manos se encontraban deterioradas por tanto lijar, trabajando horas extras y agregaría que un momento hasta tuvo que ir de emergencia al hospital del pueblo por una estilla que se metió en su ojo, nunca creyó verse en esas circunstancias pues el área para la que se preparó profesionalmente no tenía relación alguna con lo que ahora hacía, “cuando me fui de Venezuela deje mi título colgado en la pared… ¡no puedes llegar a un nuevo país y exigir! hay que hacer lo que se presente y más si hay hijos de por medio, por los hijos, uno hace lo que sea”.

Más adelante transcurridos 8 meses, actualmente Luis Gutiérrez un profesional venezolano, contador público, honradamente trabaja en un Restaurant reconocido del pueblo, ayudando en la cocina y en sus tiempo libres es “Barbero”. Su esposa, una maestra de preescolar, labora en un puesto de comida rápida de salchipapas, dejando atrás lo que algún día fue, familiares, amigos, trabajo y comodidades, viviendo el presente, con la frente en alto, luchando por su familia esperando una mejor oportunidad laboral.

 

Jesús Dávila/Pasante

Noticia Al Día 

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