El esposo y los dos amantes de la gerente “prepago” (Relatos de muerte 36, Alberto Morán)

El esposo y los dos amantes de la gerente “prepago” (Relatos de muerte 36, Alberto Morán)

Imagen de rolloid.net

 

Micaela, gerente de una empresa de embutidos, era una mujer fría, calculadora, con los nervios de acero como le decía su amiga Esmeralda cada vez que la veía compartiendo en una misma velada junto con su esposo y sus amantes, dos jóvenes que conservaba de su época de “prepago”, cuando Evaristo la conoció y la rescató para conseguirle un trabajo honrado y casarse con ella.

Micaela le presentó los amantes a Evaristo como hermanos de crianza viendo que su marido era muy celoso, y a ellos los convenció por separado de que el otro era un simple amigo, y esa mentira la guardaron en un cofre de seguridad porque, además, ella tenía por costumbre un juramento con las parejas de ocasión que consistía en colocarse desnudos de frente arrodillados sobre el colchón (ambos con los dedos empapados de los fluidos corporales de la pasión), y ella lo persignaba a él y hacía que él la persignara a ella, para ponerlo a decir con entrega deífica y palabras audibles que desencadenaban en murmullo de rezandera con los ojos cerrados, que lo ocurrido allí quedaría en el silencio cómplice de las sábanas arrugadas, de lo contrario, “no soy más hombre” y esa última partecita se la hacía repetir hasta que él salía de concentración extenuado.

 Micaela denominaba muy seriamente el acto “La ley divina de los Moteles”.  Y según decía, nunca supo que algún hombre le fallara y menos Mauricio y Gonzalo, a quienes, por su prudencia y hermetismo en esos casos de encuentros furtivos, subió de categoría y ya no los consideraba parejas ocasionales, sino amantes oficiales.

Aunque Micaela cuando hablaba en confianza con las amigas también decía que en las infidelidades poco valen los chismes; los enamorados se “tragan” cualquier mentira, y argumentaba que en el amor no interesa tanto la veracidad del mensaje como decir lo que la otra persona desea escuchar.  “¿Amor me quieres?, si te quiero amor y mucho, eso dicho con seguridad, persuasión, y aderezado con unos buenos besitos tiernos y apasionados, vale más en la intimidad que cualquier ‘puntada’ de vecina ‘lengua suelta’ pretendiendo sembrar la duda; solo hay que ponerle corazón al asunto, saber hacer bien las cosas… inteligencia, mucha inteligencia y él morirá de viejito domesticado y apasionado a tu lado”.

Un día planificaron una reunión. El primero en llegar fue Mauricio con dos botellas de vino, una exclusiva con la bebida favorita de Micaela, sin embargo, la fiesta no comenzó, consideraron desleal comenzar sin Gonzalo, que se presentó enseguida con otras dos botellas de vino, aclarando que una era solamente para que tomara Micaela.

La fiesta arrancó y Mauricio y Gonzalo se disputaban el primer trago de la gerente, por fin, ella le tomó un traguito a cada uno aprovechando que la bebida se trataba del mismo vino. Evaristo riéndose de la actitud de los “hermanos de crianza” de su esposa propuso que Micaela, para no desairar a ninguno, siguiera tomando de las dos botellas, aunque la realidad era que él quería amarla ebria. Y ella lo intuía gozosa sin saber que esa era la última noche que pasaría con vida.

Esmeralda llegó tarde, ya Mauricio y Gonzalo tenían cocinada la yuca, y listos los chorizos y la carne asada sobre la parrilla comenzaron a servirse. Esmeralda no quiso comer ni ingerir licor, tomó de la cocina un pote de leche condensada, lo destapó e ingirió unos cuantos sorbos.

Los comensales tomaron un poco más de vino, pero los rindió el sueño y la pesadez en el estómago.  Mauricio y Gonzalo decidieron marcharse, antes de salir, Micaela les pidió que alguno le diera “la cola” a Esmeralda.

Evaristo con el terreno abonado tal como lo quería, abordó a su esposa de inmediato. La desvistió en la sala, se la llevó en peso al cuarto y la lanzó a la cama. Se quitó la ropa y quiso poner en práctica el programa completo que durante la fiesta elaboró en la imaginación de las cosas que le haría a la esposa, pero pronto cayó en cuenta que su cuerpo no podía ni con la cuarta parte de lo que tenía en la mente. Su excitación a “todo tren” lo colocó de inmediato al borde de una volcánica erupción.

– ¿Quieres postre? –le preguntó Evaristo.

-Sí, mi precioso, sí –dijo Micaela desbordante de pasión, amor, ternura- y Evaristo le pidió que fuera a la cocina a buscar leche condensada; y él se quedó colocando el preservativo con el extremo cuidado de no provocarse una “tragedia” precoz.

 Micaela regresó con la leche condensada e ingirió de la virilidad de Evaristo toda la que dejó Esmeralda, con una voracidad tal, que el “pobre hombre” ya sin aguante y sin poder prolongar más aquella devastadora agonía de placer, soltó un grito casi como el de Tarzán en la selva para quedar acezante, espasmódico, al lado de su esposa empapada de sudor pese al frío del aire acondicionado.

Más tarde, en la mañana, abrió los ojos, movió a Micaela y la mujer no despertó. La llamó y tampoco; se levantó, detectó que estaba fría y no respiraba. Evaristo se levantó de un salto y corrió a la policía. Comenzaron las investigaciones.

Los asistentes de la fiesta fueron citados. Esmeralda reveló que Mauricio y Gonzalo eran amantes de Micaela, trajeron el vino para ella y asaron los chorizos, la carne y cocinaron la yuca.

 Las declaraciones de la amiga de Micaela provocaron en el acto la detención de Mauricio y Gonzalo como responsables del envenenamiento de la mujer, sin embargo, todavía faltaba por investigar; la policía desconocía si el asesinato lo cometieron los dos amantes mediante un plan preconcebido, o solo fue idea de uno solo envenenar el vino que le llevó para que ella tomara. Mientras tanto, Gonzalo acusaba a Mauricio y Mauricio a Gonzalo.

Ya cuando los investigadores descubrieron que el veneno no estaba en el vino, sino en la leche condensada, Evaristo y Esmeralda se habían fugado por el aeropuerto; ella enamorada de él le reveló la forma como su esposa Micaela le era infiel, y entre ambos urdieron el plan homicida.

[email protected]

No olvides compartir en >>