La señora Ruth: “La felicidad está en uno mismo y en lo poco que se tiene”

La señora Ruth: “La felicidad está en uno mismo y en lo poco que se tiene”

Hace un café esplendoroso, grita, regaña y jode más que carajita de 16. La señora Ruth es quien todas las mañanas y tardes lleva café a cuatro oficinas de un alto edificio en 5 de Julio. Entre esas cuatro oficinas hay 178 escalones que recorrer, jefes y al menos 30 locos periodistas que cuidar y complacer.

Ruth ha trabajado por casi 13 años en estas oficinas y aunque está próxima a cumplir 62 años, dice no cambiar ese edificio por nada en el mundo. Ella se levanta muy temprano para cocinar y esperar que el señor Néstor (El chofer del transporte de su trabajo) no la deje botada. Habla mucho, en un tono de voz alto, echa broma y le canta verdades a quien tenga que escucharlas.

Ruth Caraballo González nació en Cartagena, Colombia un 20 de septiembre de 1956. Es la segunda de 6 hermanos que cuando se graduó del bachillerato a los 14 años, se fue a escondidas de su mamá a Caracas, Venezuela con una prima a trabajar. “Me vine porque a mí no me gusta que me den nada, y si me lo dan, lo hacen de corazón” afirmó.

Allí trabajó en la casa de una familia argentina por muy poco tiempo, pues al enterarse de la muerte de su madre de crianza, se vio obligada a regresar a su tierra.

Contó que su madre biológica trabajaba a tiempo completo, por esa razón ella y sus cinco hermanos fueron criados por Librada Sánchez, quien nunca tuvo hijos propios. Ella y su esposo criaron a Ruth y a sus hermanos con valores. “Yo era su preferida, me aguantaban todo” confesó con jocosidad.

Al volver a Venezuela, se quedó en Maracaibo donde empezó a trabajar en una matera en San Clemente por muchos años.

“Yo soy muy inteligente pero me acostumbré al trabajo”

Confesó la señora Ruth, quien comentó que le hubiese gustado estudiar ingeniería mecánica. “Trabajé  al lado de un colegio que cuando se iba la luz, a mí me llamaban para que arreglara los breques”, recuerda entre risa.

 

 

Es allí, a los 21 años, donde conoció a quien sería el padre de sus cinco hijos. “Lo mandaron a buscarme para una fiesta. Él fue en un tractor que lo llamaban la ‘machaca’ y en el camino me compró una bolsa de galletas de huevo y una frescolita. Sí, así me conquistó” recordó entre risas.

Para su mala suerte, Ruth enviudó a los 33 años, quedando madre soltera de cinco criaturas “A él lo mató un malandro para robarle”. Con mucha fuerza y trabajo duro salió adelante y logró graduar a sus hijos. “Todos son buenas personas, están pendiente de mí y eso es lo que realmente importa” expresó.

González expresó que nunca sintió la necesidad de tener otra pareja amorosa porque su esposo, en el tiempo que compartieron “Le dio todo el amor que imaginó”. Resaltó que cuando uno tiene hijos “A ellos son los primeros a los que miras y yo no quería un padrastro para ellos” compartió. Maira, Ale, José Gregorio, Diego y Karina. Ellos son sus hijos, su vida. “Y mis ocho nietos, claro”.

Relató que en la actualidad, tres de sus hijos no viven en el país y le han reiterado en varias ocasiones que se vaya con ellos pero Ruth es firme en una cosa. “Si me hubiese querido ir, lo hubiese hecho hace mucho tiempo. Yo le debo todo a este país. A veces peleo con mis vecinos porque son muy mal agradecidos. Amo mucho a Venezuela y no me voy” expresó entre lágrimas.

 

 

“Si me comí las buenas, me como las malas»

Ruth agregó que a veces se ha querido ir cuando está trabajando pero voltea a ver a los periodistas en sus puestos de trabajo y piensa “No, no los voy a dejar”. También confiesa que su sueño es ver este país libre, “Antes de morir lo veré”.

Así como compartió que para ella, lo más importante en la vida es querer y que te quieran, ser feliz con lo poco que se tiene. Mientras que sentenció lo indispensable en una mujer, “Valores y a los hijos siempre por delante” concluyó.

 

 

Freydalí Pimentel
Fotos: David Moreno
Noticia al Día

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