Migrante Navidad II: “Fin de Año y yo tan lejos de mi madre”

Migrante Navidad II: La melancolía invade a venezolanos en el exterior para Año Nuevo mientras en casa son abrazados por videollamadas

Foto: Mysol Fuentes

Como la canción navideña “un año que viene y otro que se va”,  así ocurre con los migrantes venezolanos, quienes emprenden caminos por las carreteras que conectan con otros países, un viaje donde “unos van alegres y otros van llorando” recordando que la mejor época del año ha llegado y ha sido lejos de sus raíces.

“Una vez más, lejos mí tierra amada y del hogar donde crecimos, compartimos y guardamos recuerdos que por años construimos junto a nuestros seres queridos”, son algunos de los sentimientos que hoy les invade a cientos de venezolanos que partieron hacia otras fronteras y que llevan tiempo sin respirar el aroma de su cálido hogar.

Este 31 de diciembre se repetirá la historia, un Año Nuevo llega “y yo tan lejos de casa, ya nada es como antes” compartieron a Noticia al Día jóvenes que hoy les toca abrazar por las pantallas del computador, a miles de kilómetros de distancias a sus más allegados para darle la bienvenida al 2019, con  la esperanza que el anhelado deseo pedido en Navidad de regresar a su patria se cumpla.

Sean cual sean los motivos por los que se hayan ido, no están exentos de sufrir a diario la ausencia no solo de los más amados, sino de las costumbres, sabores y olores que los identifica como venezolanos independientemente de la ciudad de donde provengan.

En Venezuela, es tradición celebrar la Navidad y Año Nuevo rodeado de los seres que uno más quiere: La familia o amigos que se van sumando a lo largo de la vida. Las calles en años anteriores se veían adornadas con luces y no faltaba los fuegos artificiales para llenar de colores el cielo nocturno de esa noche especial, y al ritmo de la canción “faltan cinco pa’ las 12”, para iniciar el conteo regresivo poder saltar de las sillas, abrazarnos unos con otros dándole gracias a Dios por la llegada de 365 días de oportunidades.

Extraño el abrazo de mi mamá

Para Lucy Solla hablar de haberse separado de su familia desde hace dos años le resulta difícil, a pesar de ello y de la mezcla de sentimiento que esto le produce, recordó que cuando se vive fuera de Venezuela se aprende a conocer  a uno mismo como persona, a tratar de entender una cultura nueva, mientras se buscar  capitalizar opciones de desarrollo para poder ayudar económicamente a sus parientes. La abogada egresa de la Universidad del Zulia (LUZ), mencionó que estar residida en otro país le enseña la crueldad de estar sola en tiempos especiales. “Cuando vivía en Venezuela solo pensaba en la ropa que me iba a estrenar, en los regalos para la familia, y por supuesto la foto para el Instagram, ahora solo anhelo un abrazo de mi madre para sobrellevar la situación – de estar lejos de casa-“.

Para este 31 invitará al apartamento que comparte con su novio Daniel desde hace un año que se mudó de Chile a España, a los vecinos que catalogó como “buenos panas” y preparan tal como lo hicieron en Nochebuena la cena en la que incluirán pernil, ensalada y un pan de jamón. “Para españolizar la cosa, incluimos dieta mediterránea también. La pasamos bien de repente se colara una gaita y una sevillana para complacer diferentes gustos”. Y por supuesto, no podía falta la explicación a los españoles de por qué nos volvemos como locos para conseguir un pan de jamón, si después le terminamos sacando las aceitunas y las pasitas

Aunque es duro estar lejos del ser querido, siempre agradece por las oportunidades que se le han cruzado en el camino, tanto que en esos dos años ha podido viajar de regreso a su tierra natal, Maracaibo para visitar a los suyos y aunque duró pocos días aprovecho para revivir momentos y dar buenas noticias como su futuro matrimonio luego de aceptar la propuesta.

“Es un tema del que no acostumbro hablar porque es fuerte enfrentar la mezcla de sentimientos. Cuando se vive fuera de Venezuela se aprende a conocerse, a entender una cultura nueva y a buscar y capitalizar opciones de desarrollo; pero también te enseña la crueldad de estar solo en tiempos especiales. Cuando vivía en Venezuela solo pensaba en la ropa que me iba a estrenar, en los regalos para la familia, y por supuesto la foto para el Instagram, ahora solo anhelo un abrazo de mi madre”, compartió.

 

Foto: Mysol Fuentes

 

Extraño los abrazos y las risas

“Esa noche solo tengo ganas de abrazar a mis padres”, expresó Franchesca, quien decidió partir hacia otra frontera y Chile se convirtió en su nuevo terruño desde hace más de cinco años. Debió adaptarse a otras costumbres y tradiciones que cada día le recuerda que no está en su casa rodeadas de luces y las gaitas a todo volumen que se mamá acostumbra a colocar desde que se respiran aires de fiestas.

Es esté el momento donde la politóloga, graduada en la Universidad del Zulia (LUZ) recuerda que este lunes no cocinará junto a sus padres y hermanos la cena, hoy solo la acompaña su nuevo compañero de vida, su pareja Diego.

“Un año más que no estaré rodeada en la mesa cuadrada que mi abuela arregla con un mantel navideño y un particular ramito de flores para que todos nos sentáramos a degustar las ricas hallacas que como de costumbre se preparan días atrás, extraño al alocado de mi tío al momento de servir la mesa y el tradicional vino espumante que usamos para brindar y dar gracias por el año que se va para recibir el nuevo. Extraño las risas y todas las fotos que se nos ocurrían hacer para atesorar y rememorar esos momentos.

 

Foto: Mysol Fuentes

 

Deseo de Año Nuevo

Hace año y medio, Gaby de 15 años, se fue con sus padres a Estados Unidos, dejé sus peluches, sus juegos y muñecas para iniciar con su familia una nueva vida de oportunidades, bienestar y calidad. Sin embargo, Gaby no olvida sus raíces y de los momentos que realmente la hicieron feliz.

“Las últimas dos navidades y Año Nuevo que he pasado afuera de Venezuela no han sido tan divertidas y entretenidas como solían ser en mi país, porque ya no estoy con toda mi familia y también porque no puedo hacer cosas que podía hacer allá.

Por ejemplo, salir con las maletas por la carretera al cañonazo, lanzar cohetes, o tener la música alta hasta la hora que queríamos. Siento que siempre va a ser difícil para mí estar afuera de Venezuela, sobretodo en estas fechas decembrinas, porque me hace muy triste pensar en todos esos momentos tan especiales, en los que podría estar compartiendo con mis abuelos y demás familiares. Recuerdos que me estoy perdiendo por estar afuera de mi país”, compartió la quinceañera quien confesó que su deseo para Año Nuevo es que su familia “este unida de nuevo”.

 

 

«El 31 mi corazón estará en Venezuela»

Brisneidys se fue hace casi un año a Perú en compañía de su hermano, ambos tomaron rumbos diferentes en esa, su nueva patria. «A veces no quiero ni mirar el teléfono, prefiero trabajar y desconectarme de todo. Aquí me siento sola», expresó.

Su corazón se quedó en Venezuela y ahora que se acerca el día 365 que le da clausura a un año más, su mayor anhelo es sentir los abrazos de sus padres en Año Nuevo. «Extrañaré el conteo regresivo, las tomadas de mano y las sonrisas después del cañonazo. Cuando llegue esa noche, mi corazón estará con ellos. Estará en casa», dijo con voz entristecida.

Brisneidys se graduó de Comunicadora Social en la Universidad Cecilo Acosta y mantenía la esperanza de culminar su carrera de Derecho en la ilustre Universidad del Zulia (LUZ), pero a pesar de sus esfuerzo, partió a tierras peruanas, donde ahora el calor de una cocina y el corte diario de verduras es lo que la ayuda a mantenerse y ayudar a su familia.

«Sé que algún día regresaré a casa. Este será el 31 más conmovedor. No es fácil estar lejos del calor de quienes te han dado todo. Este 31 mi corazón estará en Venezuela», concluyó.

 

 

Con cariño, de Noticia al Día
Francys Medrano, Freydalí Pimentel, Ivanovy Bracho y María Carolina Urdaneta
Fotos: Mysol Fuentes

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