Patricia Ortega: “No puedo vivir sin defender lo que creo justo”

Cineasta Patricia Ortega: “No puedo vivir sin defender lo que creo justo”

Foto: Cortesía Juan Guerrero

Patricia Ortega, un referente indispensable cuando hablamos de cine zuliano en los últimos años, pero también cuando se le da mérito a aquellas voces que no temen hacerse escuchar ante la injusticia, frente a aquello que parece estar normalizado, pero pocos se detienen a pensar “¿realmente está bien?”; es allí donde habita Patricia, y lo deja muy claro no solo a través de su palabra firme y directa, sino también al usar las películas que realiza como el cable conductor de esos mensaje.

En 2013 Ortega recibió los aplausos por su opera prima, “El regreso”, hecho que a su pasión por realizar largometrajes no le bastó, logrando que ahora venga recargada para darlo todo en su próximo filme: “Yo, imposible”, luego de haber sentido de alegría de ganar gracias a éste, el primer premio del Encuentro de Productores del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI).

¿Cómo se encuentra Patricia en este momento de su vida?

Trabajando duro para poder mantenerme en pie, no sólo en las luchas cotidianas de comer, pagar un alquiler, comprar medicinas, sino en las más complejas que comprenden el terminar mi película, pensar otros proyectos, seguir creando a pesar que llegues muerta de la esclavitud cotidiana; seguir leyendo, seguir haciendo el amor, tomándome un café y una cerveza, seguir bailando para que esta crisis no me quite el placer de estar viva.

En varias oportunidades has hablado de que esa “vena cineasta” que tienes surgió porque te gustaba escribir, ¿en qué estaban inspirados esos escritos iniciales? ¿Es qué se basan ahora?

Pues creo que escribir nace como una necesidad, y a lo largo de tu vida vas escribiendo sobre lo que te mueve como ser humano y por supuesto, eso va cambiando con tus experiencias, de la misma forma que uno va cambiando con el tiempo. En este momento estoy escribiendo sobre lo incómodo, lo invisible, y lo hermoso que no es obvio. A veces uso la escritura para desahogar esas cosas que uno se calla en el día a día, otras para materializar imágenes que me topo por la calle. No se puede hacer audiovisual, no se puede hacer cine sin escribir, pues éste es el primer paso de creación fundamental, todo comienza siempre con un lápiz y un papel.

Patricia dirigiendo actuación en El Regreso. Cortesía

Sabemos que eres abiertamente feminista e incluso has participado en campañas como “Somos Capaces” de la Fundación Proyecto Mujeres. ¿Cómo ves la figura de la mujer cineasta en el cine venezolano? ¿Sientes que le hace falta realzarse?

Pues mira, de entrada, el hecho que separemos feministas de no feministas ya es un síntoma de que estamos aún enfermas y enfermos del cáncer patriarcal y heteronormativo.  Para mí, es fundamental que comencemos a entender que el género es una construcción social; que el hecho de que nuestra educación haya sido “genitalizada” responde a un sistema que nos normaliza para mantener sus relaciones de poder y exclusión, para seguir permaneciendo como dueño de la verdad, lo normal, lo correcto, lo moral. Nuestros genitales no determinan nuestra identidad, y esa es la base fundamental de nuestra naturaleza. Las mujeres han sido marcadas por sus vaginas, desgraciadamente, seguimos aun hoy, tratando de reivindicar un derecho que es nuestro de nacimiento. Como seres humanos, deberíamos tener las mismas libertades, los mismos privilegios, pero en esta sociedad ya sabemos que no es así.

El cine venezolano está lleno de mujeres trabajadoras y líderes que han logrado romper este sesgo, sin embargo, sigue siendo un entorno laboral muy patriarcal; roles como el de fotografía o los cargos técnicos son muy difíciles para las mujeres por su supuesta debilidad física ante el cuerpo masculino. ¿Han visto en Venezuela, por ejemplo, un script hombre? Yo no conozco a ninguno, porque es un rol «de mujeres», y como esta situación pudiéramos nombrar muchas otras que expresan nuestro círculo sexista. El trabajo que todos los días hombres y mujeres hagamos para romper este dogma es la única salida para lograr una transformación, pero eso sí, «hombres y mujeres», pues esta lucha es de todos y todas: transexuales, intersexuales, homosexuales, genderqueer y cualquier persona que simplemente ejerza su libertad de ser más que «masculino» y «femenino», concepto binario retrógrado que no define nuestra naturaleza humana.  Nadie se escapa de la normalización genital; cuando nacemos somos etiquetados con un color, con una forma de ser, hasta los juguetes tienen género, ¿por qué? Porque nuestra sociedad ya nos coloca el código de barra para regular nuestra identidad.

Hace unos meses mencionaste en otra entrevista que estrenar cine en Venezuela es un reto demasiado difícil de asumir; sin embargo, hay unas pocas producciones que se han podido levantar aún en medio de tantos aprietos, ¿cuáles destacas tú?

La coyuntura económica que vivimos nos está poniendo a prueba, hasta ahora todas las películas que se han terminado se han estrenado, pero cada vez tienen más limitantes como que no hay financiamiento para la promoción. Si antes nos quejábamos cuando teníamos muchos aportes por parte del CNAC, ahora estamos peor, pues ya los hemos perdido por el déficit presupuestario. Estamos ante la urgencia de trabajar como colectivo en beneficio de cada uno, en encontrar alternativas de promoción y alianzas que permitan mejorar nuestras condiciones en esta coyuntura, pero muchas veces el gremio cinematográfico no tiene la madurez política de deshacerse de las diferencias por el bien común. Esperamos superar esa barrera y lograr accionar a corto, mediano y largo plazo.

Cortesía

Ya que has tenido la oportunidad de participar en festivales cinematográficos  internacionales, como lo es el Festival de Cine de Guadalajara ya hace unos años, ¿qué diferencia observas en la crítica o la recepción en general de afuera en comparación con el recibiendo de tu trabajo en Venezuela?

En el caso de mi película actual «Yo, imposible», sé que tiene muchas más posibilidades en los festivales, pues éstos reúnen a un público cinéfilo, sediento de diversidad; es diferente cuando te enfrentas al público de las salas comerciales que están realmente exigiendo tres géneros: comedia, acción y terror, ¿por qué la oferta de las salas comerciales siempre es la misma? Porque responde a la tendencia y la tendencia no es diversa, por el contrario es estática y aburrida. «Yo, imposible» es una cachetada para un público patriarcal y heteronormativo, estoy consciente de ello, por eso debo esforzarme para hilar caminos que me lleven a encontrar a ese otro público que sí se va a sentir identificado. No creo que esta problemática la viva sólo yo en mi país, la lucha entre el sistema comercial y el artístico es mundial, la industria ha sembrado en cada persona una forma de cine totalmente plastificada, con un lenguaje limitado, masticada, con códigos estéticos preestablecidos que desgraciadamente están ya arraigados en el público como la norma, el deber ser, lo bueno, lo interesante. Vamos al cine a masturbarnos con efectos especiales, con ruidos que no nos dejen pensar, y las historias dejan de existir pues es el espectáculo lo que vende; en este sentido, quienes contamos historias sin ese artificio tenemos una lucha grande por emprender y esto es histórico y lo seguirá siendo, pues mientras la industria se hace millonaria convirtiéndonos en zombis consumidores de modelos de vida, el otro cine sigue trabajando desde su trinchera para revivir la rebeldía del que está en la butaca.

¿Qué es exactamente lo que te motiva a sacar al aire tus visiones aunque sean consideradas “pensar distinto? ¿Te has visto envuelta en algún conflicto por esa razón o sientes que todo el recibiendo ante esas ideas ha sido positivo?

Pues mira, para mí esos no son temas indebidos, no deberían ser polémicos, es la naturaleza humana, es nuestro derecho a decidir sobre nuestras vidas y nuestros cuerpos. No puedo vivir sin defender lo que creo justo.

Si la Iglesia ha tenido el chance de tener sacerdotes pedófilos y se ha dado el lujo de evitar la cárcel para ellos amparándose en el sistema eclesiástico y eso pareciera no ser polémico, pues cada vez que el Papa visita una ciudad todos se ponen de rodillas, porque la sociedad sigue venerando a una institución monárquica responsable de generaciones de niños y niñas violentados; si por otro lado, en nuestro país hay mujeres pagando cárcel solo por haber abortado y eso no nos parece indebido; si además, la violencia obstétrica en los hospitales se ha convertido en algo cotidiano y realmente podemos vivir porque esa situación no nos parece controversial; que asesinen a un transexual o lo golpeen tampoco nos parece polémico; que seamos el primer país con embarazo adolescente; que el mayor índice de violaciones a mujeres provenga de sus familiares; nada de eso nos parece controversial, porque aún le decimos «mariquita» a los que consideramos débiles y el hacerle «bullying» al diferente es la  práctica cotidiana de los «fuertes», pero basta que alguien decida estar a favor del aborto legalizado, del matrimonio igualitario, de la prohibición a cirugías de normalización a intersexuales; basta con que un ser humano se sienta orgulloso de ser transexual, homosexual, ateo o liberal sexualmente;  basta con que alguien defienda la naturaleza humana más allá del género binario; basta con que una mujer decida no ser más un objeto o la propiedad privada de un hombre, entonces eso sí es controversial y polémico.  Y siempre cuando alguien toma ese camino le tiran piedras, pero quienes andamos por ese sendero ya nos acostumbramos y no nos importa, no tenemos miedo.

 

Cortesía

 

Cuéntanos cómo es tu proceso creativo a la hora de escribir filmes.

Es un proceso íntimo de investigación  y escritura, una entrega día y noche a la historia, que va a acompañada de mucho café, de películas, de trasnocho, de soledad, cervezas y chocolates.

¿Qué tipo de proyectos crees que estarías haciendo ahora mismo si no hubieses entrado al mundo del cine?

No lo sé, amo los animales, creo que sería veterinaria y lo disfrutaría mucho.

Danos una pequeña lista de películas que todo cinéfilo (o no cinéfilo) debería ver alguna vez en su vida.

Pues no creo que uno tenga la potestad de decirle a alguien que es obligatorio o no, pero creo la vida cambia cuando conoces a Vittorio De Sica y ves «El ladrón de bicicletas», también cuando tienes el chance de disfrutar de «Los 400 golpes» de Francois Truffaut; creo que es importante leer el manifiesto del cine ojo de Dziga Vertov y por supuesto ver el Acorazado Potemkin de Sergei Eisenstein para luego además conocer toda su teoría sobre el montaje. Y si ves Truffaut y lo combinas con  «Vértigo» de Alfred Hitchcock y luego lees «El cine según Hitchcok» que es resultado de una conversación entre ambos directores, tendrías la combinación perfecta para ir profundizando en este arte misterioso. Creo que es igualmente revelador cuando vez varias películas de Andrei Tarkovsky y además lees su texto «Esculpir en el tiempo», en fin, creo que no se trata sólo de ver películas, sino de leer, investigar, degustar y sobre todo, pensar.

 

Gabriela Nava (Pasante)

Noticia al Día

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