¿Cuánto cuesta tener sexo casual en Venezuela?

¿Cuánto cuesta tener sexo casual en Venezuela?

¿Cuánto cuesta tener sexo casual en Venezuela?

Cuando Miguel decidió proponerle a Alejandra avanzar un paso más en la relación y tener sexo, también tuvo que comenzar a sacar cuentas en la calculadora de su celular. Aunque sabía que su pareja quería compartir los gastos, desconocía el costo exacto de ese momento de placer que finalmente estaba por llegar.   

La duda de Miguel es compartida por muchos venezolanos que se han visto afectados por la grave crisis económica que afronta el país en todos los ámbitos, por lo que el Gobierno decretó desde principios de este año un Estado de Emergencia Económica que aún se mantiene vigente. Pero desde hace unos días, Miguel, un joven de 22 años que devenga salario mínimo (15.051 bolívares sin contar los 18.585 de bono alimentario), solo ha estado pensando en el encuentro perfecto con “Ale”, como suele llamarla.

Sabiendo que no puede utilizar la casa de ninguno de los dos y que debe ser algo ajustado al bolsillo pese a lo trascendental del asunto, Miguel, en su mente, evalúa tres factores para concretar la relación sexual: taxi, hotel y método anticonceptivo.

La carrera mínima de un taxista en Maracaibo, de una a seis cuadras, cuesta entre 400 y 600 bolívares, según consultó este diario en seis líneas de distintas zonas de la ciudad. En Caracas, capital de la república, el mismo recorrido vale entre 800 y 2.000 bolívares, aunque los “piratas” (taxistas particulares) suelen cobrar un poco menos, indicaron varios conductores a través de llamadas telefónicas. Al noreste del país, en la isla de Margarita, en Nueva Esparta, único estado insular de Venezuela, la tasa también se fija a partir de Bs. 800.  

Sin embargo, un taxista maracaibero, quien no deseó identificarse, confesó que aunque suele respetarse el tarifario, el costo final siempre pasa por una rápida evaluación visual que el chofer hace del cliente.

Resuelto el primer problema, la siguiente tarea de Miguel es conseguir el lugar ideal.

Al preguntar en ocho establecimientos conocidos por su uso para las relaciones casuales en la capital zuliana, entre hoteles y moteles, se constató que el precio de una habitación sencilla durante 12 horas o una noche oscila entre 3.700 y 24 mil bolívares.

La tarifa en los moteles con cierto nivel de respeto se ubica entre los 3.700 y 6 mil bolívares, mientras que en hoteles modestos que suelen usarse para estos encuentros los precios comunes son 11.200, 12.500, 19.938 y 24 mil bolívares, de acuerdo con la información aportada por los recepcionistas.

En Caracas, según una habitante de Prados del Este con conocimientos en red hotelera, el costo de la habitación depende de la zona donde esté el hotel, pero por lo general vale entre 4 mil y 20 mil bolívares, al menos en la actualidad. En Margarita, el precio va de Bs. 4.500 a 8.500, indicó Jhonatan Rodríguez, presidente de la organización no gubernamental Stop VIH, que desde hace ocho años lucha por concienciar sobre el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) para evitar su propagación.

Miguel sabe que aunque Alejandra esté libre de enfermedades, debe ser responsable para evitar un embarazo no deseado o una  infección de transmisión sexual, por lo que se encarga de cubrir con seguridad el tercer factor.

En siete farmacias visitadas en Maracaibo, al preguntar por las pastillas anticonceptivas la respuesta fue la misma: no hay. Solo en una un trabajador aseguró que ese medicamento, cuyo uso no es exclusivo para las relaciones sexuales, llega esporádicamente y en poquísimas cantidades. Cuando está en los anaqueles, el costo oscila, dependiendo de la marca, entre 196 y 480 bolívares, aunque los revendedores la ofrecen en más de Bs. 2 mil. Lo mismo ocurre con la llamada “píldora del día después”.

Pero el panorama cambia al buscar preservativos para hombres, lo que beneficia, en cierta medida, a Miguel y su pareja en ese aspecto.

Jhonatan Rodríguez, presidente de la organización StopVIH. Foto: cortesía

Jhonatan Rodríguez, presidente de la organización StopVIH. Foto: cortesía

En todas las farmacias consultadas se hallaron cajas de tres condones masculinos, con precios que van desde 143 a 1.176 bolívares.    

“En Margarita hay 110 farmacias privadas, y cerca del 70% tiene condones, pero son de marcas desconocidas, por lo que la gente siente cierta desconfianza y prefiere no comprarlos. Las pastillas anticonceptivas, al igual que los preservativos, se consiguen en algunos comercios, pero de manera intermitente. La semana pasada recorrí 13 farmacias y en ninguna había condones ni pastillas, solo lubricantes”, contó Rodríguez desde la isla.

Para él, los aceites sexuales y alguna bebida para después del coito deben estar en el plan de Miguel, sin embargo, cree que en este tiempo, en Venezuela, entrarían en una categoría de bonus.

En varias farmacias de Maracaibo se observaron lubricantes de 70 gramos con precios que iban de 830 a 1.480 bolívares, en sus distintas versiones aromáticas y gustativas.

La otra opción para conseguir métodos anticonceptivos en el país es acudir a los programas públicos que el Ministerio del Poder Popular para la Salud diseña exclusivamente para la salud sexual y reproductiva en cada región, que contemplan la distribución gratuita de preservativos y otros métodos, pero también se han quedado sin recursos, comenta Rodríguez.

“Más allá de la escasez, el problema radica en que el Estado no efectúa una inversión sostenida en prevención, o al menos no es suficiente esa inversión, ya que no abastece a la población”, considera.

De acuerdo con informes oficiales que maneja la ONG de Rodríguez, la mayoría de los habitantes de Venezuela, desde el punto de vista de fertilidad y reproducción, se encuentra en edad joven.

“Somos una nación joven, donde la población adolescente, de 11 años en adelante, se inicia sexualmente a temprana edad. El contexto actual del país no favorece la salud, porque las personas, incluso desde esa edad, no van a dejar de tener relaciones sexuales porque no haya condones, o porque no hayan pastillas. Ahí radica la importancia de que la población tenga un fácil acceso a los métodos de prevención y anticonceptivos”, explica.

Entonces, el problema de Miguel y Alejandra que podría ser fácil de resolver, deriva en consecuencias más complicadas que invitan a la reflexión y acción inmediata.

“Somos el país número uno en América Latina con el mayor índice de embarazos en adolescentes, según el Fondo de Población de las Naciones Unidas. Y más allá del embarazo, están las enfermedades por transmisión sexual, sin cura. Y luego viene el calvario para tener acceso a servicios de salud”, expone Rodríguez.

Aunque el Ministerio de Salud no ha difundido cifras oficiales del embarazo precoz, la Organización Mundial de la Salud (OMS) indicó en septiembre del año pasado que Venezuela, desde 2009, ocupaba la segunda posición como el país con mayor índice de embarazo juvenil en América Latina y, tres más tarde, un informe del Fondo de Población Humana de Naciones Unidades (Unfpa) la ubicó en el primer lugar.

“Nueva Esparta tiene características particulares de vulnerabilidad, ya que es una isla donde llega gente de todas partes del mundo, los pescadores zarpan a otras naciones… pueden tener sexo y transmitir enfermedades. Aparte de eso, el costo de la caja de condones oscila entre Bs. 860 y 1.960, y eso es en las farmacias privadas, porque en las públicas no se consiguen”, manifiesta Rodríguez.

Sin embargo, la ginecobstetra Carmen  Marín, coordinadora regional del programa de Salud Sexual y Reproductiva en Zulia, asegura que los métodos anticonceptivos que entrega el Ministerio a entes públicos siguen llegando con regularidad, pero las fundaciones tardan en recibirlos porque deben evaluar a cada paciente.

Sobre el embarazo precoz en el estado, la galena menciona que con el apoyo de autoridades educativas se está recabando la data para efectuar el censo de este tipo de población, y hasta ahora no estima que el porcentaje disminuya en comparación con el año anterior.

A quienes temen comprar preservativos de marcas desconocidas, como sucede con Miguel, la especialista los insta a no sentir desconfianza, pues asevera que todos los métodos son sometidos a pruebas de seguridad antes de salir al mercado.

Marín también pide a quienes estén por iniciar su etapa sexual que acudan a las consultas gratuitas en los centros de salud públicos, donde se evalúa a la pareja para que conozca el método a usar más ideal, ya que cada mujer necesita uno específico.

Pero si Miguel y Alejandra no logran cumplir con sus tres requerimientos para tener sexo, ¿podrían pensar en la abstinencia como una opción?

“En pleno siglo XXI nadie consideraría la abstinencia. De eso solo habla la Iglesia. Y aunque no lo descarto porque es un mecanismo eficaz, no parece realizable en esta época donde la gente se conoce en una fiesta, un baño, un bar, un chat… y se va a la cama. La abstinencia es un método eficaz de prevención, pero no va acorde con nuestra realidad. La gente seguirá teniendo relaciones así sea en un  carro, un ascensor, un callejón, una playa, un malecón… eso no lo frena nadie”, dice Rodríguez.

Él y Marín concuerdan en que la tarea principal es generar consciencia para prevenir cualquier situación que surja por una relación sexual.

Para Rodríguez, el Gobierno debe impulsar programas de prevención sobre salud sexual reproductiva e infecciones de transmisión sexual, y adoptar políticas públicas acertadas e inclusivas, como, por ejemplo, garantizar que en hoteles y moteles usados para encuentros sexuales, además de discotecas, existan dispensadores de condones, opción que ha dado resultados positivos en otros países que ya han disminuido el embarazo precoz y las enfermedades por vía sexual.

Marín enfoca su atención en la familia y en la importancia de la formación de principios y valores positivos desde el hogar, para que los jóvenes sean verdaderamente conscientes del significado de la práctica sexual. Pide aplicar el lema “Porque te quiero, me cuido”, y que la pareja se ayude para garantizar su protección. También propone intensificar campañas de prevención para que el mensaje llegue a todos los rincones de Venezuela.

Ambos saben que la prevención equivale a una salud óptima, lo que se traduce en una población saludable, y esto, a su vez, garantiza el desarrollo de una nación.

Miguel y Alejandra son solo una muestra de miles de historias similares en un país donde se necesita, si se considera únicamente los mínimos costos, 4.243 bolívares para tener sexo, cantidad que se debe reservar de los Bs. 7.525 que cobra por quincena alguien que solo percibe un salario mínimo y quiere tener una vida sexual activa y sana.

David Contreras

Noticia al Día