Noren Villalobos: el doctor que se atrevió a desafiar el miedo

Noren Villalobos: el doctor que se atrevió a desafiar el miedo

Noren se graduó de medicina en 1985 en la Universidad del Zulia. En 1989, empezó el postgrado de obstetricia y ginecología en la Maternidad Castillo Plaza, el cual concluyó en 1992.

Noren Villalobos se graduó de medicina en 1985 en la Universidad del Zulia. En 1989, empezó el postgrado de obstetricia y ginecología en la Maternidad Castillo Plaza, el cual concluyó en 1992.

En la Maternidad Castillo Plaza hay un hombre que se ha encargado de traer a cientos de niños al mundo. Pero lo que hace diferente a este ginecobstetra del resto de sus colegas, es que es considerado un “loco” por muchas personas, incluso dentro de la comunidad médica.

Noren Villalobos es el doctor que, desde 1996, le ha salvado la vida a centenares de niños con madres portadoras de VIH.

En 1996, aún se sabía muy poco del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), incluso dentro del mundo científico. Había muchos tabúes y miedos que oscurecían el panorama de los pacientes infectados y disparaban las cifras de nuevos casos.  Para casi todos, el VIH era una sentencia de muerte.

Un día, la doctora Cecilia Bernardoni, presidenta de la Fundación Innocens, organización  sin fines de lucro que se encarga de atender a madres y niños que padecen de VIH-Sida,  recurrió a la Maternidad Castillo Plaza con una noticia que representaba para muchos una bocanada de esperanza.

—Cuando descubrimos que había un procedimiento para que los hijos de embarazadas con VIH no contrajeran el virus, fuimos corriendo al área de obstetricia del hospital, reunimos a los doctores y se lo comentamos, pero todos estaban asustados. Nadie lo quería hacer. El doctor Noren Villalobos fue el único que se levantó y dijo que si le conseguían todos los insumos, él las iba a atender, y así lo hizo —contó Bernardoni en 2013.

Bernardoni, odontóloga egresada de la Universidad del Zulia, tuvo un caso que marcó su vida: un niño con VIH con graves lesiones en su boca. Desde entonces, la profesora de odontología empezó a atender pacientes con VIH y a investigar más sobre el virus.

Estudiando, se dio cuenta de que los niños con VIH provenían de madres portadoras, empezó a preguntarse por qué los bebés nacían con el virus y todo apuntaba a sus madres.

8Ya para mediados de los 90, comenzaron los tratamientos para atacar el VIH, y los trabajos de investigación se volvieron cada vez más extensos y profundos.  A raíz del caso de una mujer que dio a luz en Francia a unos gemelos, de los cuales uno salió sano y el otro contaminado, los investigadores empezaron a cuestionarse la causa.  Entonces, se dieron cuenta de que las concentraciones de VIH en la vagina de la madre, durante el trabajo de parto, eran mucho más altas que en la sangre de la madre. Por tanto, los bebés se contaminaban irremediablemente al pasar por el canal de parto.

Los médicos llegaron a la conclusión de que si se evitaba el canal de parto, iba a disminuir la transmisión de VIH. Desde ese momento, comenzaron a realizarle cesáreas a todas las pacientes con VIH. Las posibilidades de traer a un bebé sano al mundo aumentaron de 20% a 50%. Al mismo tiempo, con la invención del primer tratamiento llamado Zidovudina, las posibilidades aumentaron hasta 99%, tasa que se mantiene hoy día.

A pesar de las pruebas, pocos médicos se atrevían, para ese entonces, a realizar procedimientos quirúrgicos a mujeres con VIH. El miedo y la ignorancia seguían nublando el juicio de la comunidad médica.

Así que cuando Cecilia Bernardoni llegó al hospital con su propuesta. Solo el doctor Noren se aventuró a dar un paso adelante.

—A esa primera paciente la trataron muy mal, le cerraron muchas puertas.  Sin embargo, ella logró tener tres hijos sanos.  Ya el mayor debe rondar los 20 años —cuenta Noren.

Aun en 2016, Noren sigue recibiendo muchas referencias de otros médicos de la ciudad que no se atreven a atender a mujeres con VIH.  Poco a poco, desde su trabajo como profesor y, gracias a la cercanía de sus colegas en el Castillo Plaza, ha logrado preparar a una nueva generación de profesionales que se sienten capaces de manejar este tipo de casos, sin miedo, ni discriminación. Saben cómo hacerlo. Él mismo se ha encargado de enseñarles.

—Tratar con pacientes con VIH implica no solo una asistencia médica, sino también psicológica. Lo primero que hago con ellas es preguntarles qué dudas tienen y asegurarles que desde hace años el VIH dejó de ser una sentencia de muerte. Como la información sobre el VIH está muy tergiversada y produce mucho rechazo en la sociedad, ves muchas veces que los pacientes vienen con cierto maltrato psicológico, con temores y con muchas preguntas. Si te metes en internet y escribes “VIH y embarazo” vas a encontrar cualquier cantidad de links, pero muy pocos de esos te dirán realmente como son las cosas.

A esa primera paciente en 1996, la siguieron dos un año después.  En 1998, ya llevaba cuatro casos más. En 1999 atendió a más de 20 mujeres.  En 2000, iban ciento y pico. No recuerda cuándo empezó a perder la cuenta exacta. Solo sabe que actualmente puede llegar a atender por semana entre 15 y 20 pacientes con VIH en la Maternidad Castillo Plaza y en su consultorio privado.

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El doctor Noren siente una gran satisfacción cada vez que una madre lo llama para anunciarle que su bebé dio negativo en las pruebas de VIH

—Las pacientes con VIH son las mejores pacientes que hay. Una vez que ellas saben que no se van a morir por portar el virus y que pueden durar una buena cantidad de años, ellas toman conciencia y se cuidan mucho más que cualquier otra paciente. Sin embargo, las circunstancias a veces son muy difíciles. He tenido pacientes que solo ellas saben que tienen VIH.  A ellas especialmente hay que tratarlas con guantes de seda porque tienen mucho temor. Temor a todo. Temores no solo durante el embarazo, sino después. Se preguntan: “qué voy a hacer con mi vida si tengo VIH, qué puede pasar con mi hijo…”.   Temen que si sus parejas o sus familias se enteran de que son portadoras del virus, las pueden abandonar, botar de su casa, aislar…

Aún después de tantos años, el doctor Noren siente una gran satisfacción cada vez que una madre lo llama para anunciarle que su bebé dio negativo en las pruebas de VIH.  Muchas de ellas le llevan años después a sus hijos para que los conozca y para presentarles a ellos al único hombre que se atrevió a traerlos al mundo. Algunos de esos niños y niñas ya pisan los 20 años y un par de ellos incluso lleva su nombre.

—Cuando me llegan muchachos con 20 años, y me dicen: “doctor, usted atendió a mi mamá que tenía VIH, ¿se acuerda de mí?”. Claro que me acuerdo tuyo, le respondo. Esa es la mayor satisfacción para mí.

Su propio hijo de 14 años aún no ha decido si quiere seguir los pasos de su padre. Él prefiere dejarlo que escoja él mismo su camino. Su esposa le ha mostrado su apoyo desde el principio. Solo le recuerda siempre que se cuide, que no tome riesgos, que no se descuide nunca.

—A todas mis pacientes siempre les digo: Dios vive, Dios existe. Mira todo lo que te ha dado Dios. Incluso la ciencia proviene de Dios. Cuando Newton escribió sus famosas leyes, él no dijo: “yo descubrí el universo”. Dijo: “descubrí las leyes por las cuales Dios rige el universo”. En este mundo hay que tener siempre fe para que las cosas salgan bien.

Estefanía Reyes

Fotos: David Contreras

Noticia al Día