MUJERES DE ACERO: Para Liomar Troconis, “una maestra es la madre de muchos”

MUJERES DE ACERO: Para Liomar Troconis, “una maestra es la madre de muchos”

Liomar Troconis, maestra de quinto grado en la E.B.N Cristóbal Mendoza

Liomar Troconis, maestra de quinto grado en la E.B.N Cristóbal Mendoza. Foto: Xiomara Solano

Dicen que una maestra es una madre para sus alumnos, enseña, capacita, atiende, regaña, educa y ama a los pequeños que están bajo su responsabilidad. Suena fácil decirlo pero, no es una tarea sencilla cuando de mantener el orden se trata en salones que por lo general, tienen no menos de 25 niños. Una educadora demarca gran parte del futuro de las nuevas generaciones de estudiantes; ellos (los alumnos), son diamantes en bruto listos para ser trabajados y pulidos por una excelente mujer capacitada para la tarea.

¡Uno, dos, tres! —cuenta la maestra a viva voz— sorprendentemente cuando apenas inicia el conteo en el salón de clases ocurre una revolución. De una algarabía y un desorden característico de los niños, las cuatros paredes se transforman en un lugar donde reina el orden, la calma y un absoluto silencio.

“Ellos saben que cuando comienzo a contar no debo llegar a tres para que estén ordenaditos y atentos a lo que se dirá. Esa es la norma en el salón de clases”, comenta Liomar Troconis, maestra de quinto grado en la E.B.N Cristóbal Mendoza, ubicada a escasos metros de la avenida Padilla del casco central de Maracaibo.

Pasadas las 12.30 del mediodía, periodistas de NAD llegaron para hacerle unas preguntas en referencia al rol de las féminas y su desempeño en las aulas de clases, es 7 de marzo, 24 horas previas a celebrarse el Día Internacional de la Mujer, esta es la razón de la visita periodística.

La educadora se muestra sorprendida, apenada, nerviosa pero dispuesta, saca de su cartera un estuche de maquillaje y, antes de que la fotógrafa Xiomara Solano levante la cámara, dice: “¡Ya va!, no puedo salir fea en la foto”. Se arregla rápido, sin mucho arte, un poco de labial y polvo es suficiente. “¡Ahora sí!, hablemos”, expresa con una sonrisa plasmada en su rostro.

Troconis es una profesional por excelencia, en su 16 años de carrera educativa ha sido la principal formadora de niños desde primer nivel de preescolar hasta sexto grado de escuelas básicas. “Una maestra va mucho más allá de la formación cognitiva o académica, nosotras formamos para la vida, ayudamos en la personalidad de cada niño, su higiene, comportamiento y estado sentimental”, asegura.

Piensa que más son las mujeres que deciden estudiar educación que los hombres, no porque sea una carrera femenina, así se ha querido hacer ver, sino porque “nosotras tenemos ese sentido de maternidad tan necesario para criar a un hijo, para cuidarlo y enseñarlo con la paciencia característica e incomparable de una madre”.

Entre sus más grandes retos recuerda aquel de formar a un niño que era despreciado por alumnos, maestros y hasta por su familia. “Este niño tenía un mal carácter, no hacía caso, no quería aprender a leer, él no era mi alumno, pero el hecho de que era conocido por todo el colegio me llevó a investigarlo, allí pude darme cuenta de que no llevaba una buena vida en su hogar”, explica.

Con el pasar de los días, Troconis no dejaba de pensar en ese niño, en las noches intentaba dormir y venía un pensamiento que la hacía reflexionar sobre el tema. Pasado unos días se acercó al salón de clases donde estudiaba el pequeño y le preguntó a la maestra por el alumno. “Ahí está ese grosero, si quieres te lo regalo, dijo la maestra y sin pensarlo dos veces le dije dámelo yo quiero encargarme de él”, confiesa Troconis.

“Asumí el reto como si de un hijo se tratara, no era mi único alumno pero le dediqué mucho esfuerzo sin descuidar al resto del grupo, sabía que ese niño, al igual que muchos, tenía un gran potencial. Con paciencia, dedicación y autoridad lo formé (…) hoy día es un licenciado en Administración de Empresa y cada vez que lo veo me siento satisfecha de mi labor”, expresa.

Esta maestra zuliana llama a las mujeres a no perder la bendición de ser quienes son, aquellas que traen al mundo una obra tan perfecta como el ser humano, capaz de retener en su vientre la vida de un pequeño y cuidarlo aún más allá de su madurez, amorosas, femeninas, luchadoras y excelentes para educar.

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Manuel García

Foto: Xiomara Solano

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