Carlos Márquez, adiós al último grande

Carlos Márquez, adiós al último grande

En julio del año pasado, el intérprete venezolano llevó a las tablas "Inolvidable" (E.Olivares)

En julio del año pasado, el intérprete venezolano llevó a las tablas «Inolvidable» (E.Olivares)

Desde hace semanas se sabía que estaba mal de salud, pero a pesar de eso, la noticia de la muerte de Carlos Márquez (Guanoco, 1926) el sábado de gloria, a las 6:00 p.m., fue recibida entre propios y extraños como un golpe al corazón.

Aparte de los achaques propios de un hombre a punto de llegar a las nueve décadas de vida, «tenía una memoria prodigiosa, y poco antes de ponerse malito, manejaba su carro tranquilamente», cuentan amigos que prefieren mantenerse en el anonimato.

Amistades aseguran que su declive físico se produjo tras el fallecimiento de su tercera esposa, Dolores Beltrán. Ya le había tocado sobrellevar la desaparición de su primera pareja sentimental, la actriz argentina Juana Sujo, con quien fundó la Sociedad Venezolana de Teatro y el Teatro Los Caobos.

Márquez fue intervenido para cambiarle un marcapasos. «Luego de la operación, el actor se dio un golpe accidental y se lastimó unos ganglios. Al parecer, desde allí, se le desarrolló el cáncer linfático», relatan.

Amor por la actuación

Hizo su debut en las artes escénicas en 1943, y a lo largo de su carrera retrató con igual exactitud en teatro, televisión y cine «al hombre recio, al patriarca, al abuelo, al villano o la mismísima rectitud incorruptible», en palabras del comunicador social, Luis Ugueto.

«Carlos representa una estirpe de actores que aparecieron inclusive antes de que lo hiciera la televisión. Él debutó en el 52, con una obra de Jean-Paul Sartre. Ése no era un señor que estaba pendiente de que lo aplaudieran, ése era un señor que estaba pendiente de decir cosas (… ) Para mí fue placentero trabajar con él», afirma Héctor Manrique.

«Era un actor ejemplar no solamente por el buen intérprete que era sino por el amor que le tenía a este oficio, en ese sentido, me quito el sombrero ante él», remata el histrión.

En 73 años de trayectoria, Márquez participó en más de 30 telenovelas, seis largometrajes y decenas de obras de teatro, en cuya hoja de vida destacan: La usurpadora (1971), Estefanía (1979), Topacio (1984), Amanda Sabater (1989), El desprecio (1991), Carmen, la que contaba 16 años (1978) y La matanza de Santa Bárbara (1986).

En el recuerdo de los amantes de las telenovelas, Márquez será recordado como el villano de La fiera (1978), que protagonizó con Doris Wells.»Eleazar Meléndez me dio el respaldo general del público. Estoy muy agradecido con ese personaje», dijo el decano de la actuación a Estampas en octubre de 2013.

Pero eso sí, Miguel Ángel Landa aclara: «él era la antítesis de los personajes que representaba. Era un tipo amable, afable, humilde, un ser maravilloso. Jamás lo vi bravo, jamás lo escuché levantarle la voz a alguien, jamás llegó tarde a un ensayo, siempre estaba con una sonrisa a flor de labios. Se hacía querer. Para mí, se fue uno de los mejores».

Se une al lamento de Landa, Leonardo Padrón. «Uno siente una desazón inmensa cuando se da cuenta que están desapareciendo los grandes pilares de la actuación en el país, referentes como Carlos Márquez, Gustavo Rodríguez, Alejo Felipe, que si algo los unía era la gran vocación por su oficio y un inmenso temperamento actoral, eran actores de carácter, de formación, sólidos, que era el mejor antídoto contra la mediocridad (…) a ellos no los fueron a buscar en los gimnasios, los buscaron en las tablas (…) con la muerte de Carlos Márquez la televisión venezolana queda aún más huérfana».

Extraordinario ser humano

La actriz Aura Rivas hizo teatro y trabajó con Márquez en Radio Caracas Televisión, pero también lo unió a él una gran amistad. «Fue una persona extraordinaria, muy sensible, un ser humano especial, muy honesto, asumió siempre su trabajo con gran rigor y disciplina», dice mientras recuerda su monólogo Inolvidable, «donde contó parte de su vida y de la historia del teatro venezolano».

En 2006, Márquez editó su libro autobiográfico Lo que me tocó vivir (Experiencias de un actor en la Venezuela del siglo XX), publicado por el Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral (Celcit) y el Instituto de las Artes Escénicas y Musicales (IAEM).

El actor pertenecía a la Orden Rosacruz, por ello será cremado. Creía en la vida después de la vida, y llamaba a la muerte, «transición» y «paso por la más alta iniciación».

Desde ayer, a las 2:00 de la tarde, sus restos están siendo velados en la capilla principal de la Funeraria Vallés, en Caracas.

La casa del artista y Unearte se están haciendo cargo del pago de la clínica, velorio y cremación del intérprete.

El Universal

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