Patrick Morton, un extraterrestre en Maracaibo (Fotos+Video)

Patrick Morton, un extraterrestre en Maracaibo (Fotos+Video)

Patrick Morton entrena a sus alumnos para participar en el concurso internacional “Científico por un día”, que organiza la NASA una vez al año y el que han ganado varios zulianos.

Patrick Morton entrena a sus alumnos para participar en el concurso internacional “Científico por un día”, que organiza la NASA una vez al año

De músico, poeta y loco, todos tenemos un poco…

—¿El profesor Patrick Morton está aquí?

—¿Umm, Morton? ¿Quién es ese? —responde dubitativo un vigilante del liceo Los Robles, donde se encuentra el Club de Astronomía.

—Es el profesor de astronomía, el científico.

—¡Ah, el loco! Sí, ya debe estar por llegar.

Y aparece con su natural caminar apresurado, agitado, desaliñado, amable, entusiasmado como un niño por hablar de lo que le apasiona desde los 4 años: la ciencia.

De inmediato se disculpa por los minutos de demora y abre la puerta a un mundo encantado, al espacio en cuatro paredes. En el techo está el sistema solar giratorio y algunas lunas que tardó un año en recrear, abajo resaltan los dinosaurios, robots, extraterrestres, naves espaciales, Buzz Lightyear, fragmentos reales de meteoritos, el asteroide 2012 DA14 (Duende) a escala, celdas solares, trajes de astronauta y dos objetos exclusivos enviados por la NASA: un R2D2 de Star Wars y el casco de un astronauta ruso que estuvo tres días en el espacio en los 80, único ejemplar en Venezuela.

El lugar es su salón de clases, su laboratorio, su guarida. Ahí llegó en 2000, cuando la directiva de Los Robles lo contrató para dar clases de inglés, ciencias naturales y, como electiva, astronomía. Dos años antes, el profesor Alexis Mavarez había fundado en ese sitio el Club de Astronomía, único en la región cuya coordinación ahora está en las manos de Patrick.

En esa segunda casa permanece cuando no está en la primera junto a su esposa Ítala Soto de Morton, una educadora, y su hija Daniela, una diseñadora gráfica de 23 años quien siempre le ha huido a las complejidades de la ciencia.

«La astronomía tiene un misterio detrás de otro, intriga… Eso me gustó desde pequeño», dice mientras apaga las luces principales, pone a rodar el sistema solar y reproduce un audio con sonidos que evocan una selva pacífica, donde a ratos se escuchan los silbidos de los pajaritos, el rumor del viento, el crujir de los árboles… Ese cantar acompaña toda la plática.  

Patrick es inquieto, se mueve de un lado a otro sin dejar de hablar, y así son sus clases: dinámicas, interactivas. En ese salón, su espacio, enseña ciencias naturales por las mañanas, y en las tardes, dos días a la semana, instruye a jóvenes alumnos de 14 colegios de Maracaibo en astronomía, una ancestral disciplina olvidada en este país, que practican muy pocos, solo la “gente rara”.

Mientras muestra el radiotelescopio, también donado por la NASA y el único en Venezuela, recuerda que su primer invento, a los 14 años, fue precisamente un aparato como ese, aunque mucho más rudimentario, que recibe frecuencias de radio y transmite a un monitor la señal de planetas y estrellas que capta sobre nosotros.

Aquel aparato lo construyó en su adolescencia, cuando estudiaba en el Colegio Alemán, con la ayuda de un profesor y un electricista. Usó transistores, parlantes, un tensiómetro, cables, una chapa de madera y fabricó una antena parabólica con varas de aluminio y mallas de metal de mosquiteros, con la que solo pudo captar las pulsaciones del sol. Pero lo había logrado, ya era un incipiente hombre de ciencia.

Sin embargo, su afición surgió antes, mucho antes de que él mismo supiera qué quería ser de grande.

A partir de los 4 años, rememora, empezó a visitar EE UU uno o dos meses al año, cuando sus padres, el checoslovaco Vlastimil Morton, y su madre, la zuliana Margarita de Morton, viajaban al país norteamericano.

Desde esa edad, Patrick comenzó a estudiar en la oficina planetaria de la Nasa en Miami, en cada visita. Y así, poco a poco, a los 25 años, obtuvo su certificado. Su licencia. Y su «chaqueta de la suerte» con las cuatro siglas de la agencia espacial más importante del mundo: National Aeronautics and Space Administration (NASA).

Ahora, Patrick es el único coordinador educativo de la Nasa en Venezuela y, además, el único representante en nuestro país de La Sociedad Planetaria (The Planetary Society), una organización no gubernamental estadounidense fundada, junto a Bruce Murray y Louis Friedman, por el astrónomo, astrofísico y cosmólogo Carl Sagan en 1980.

Y es precisamente ese científico, Sagan, ya fallecido, el más admirado por Patrick por varias razones: dirigió el Programa Vikingo (Viking) con el que América logró por primera vez ejecutar dos misiones no tripuladas de aterrizaje sobre Marte y efectuar el primer estudio biológico allí; promovió arduamente el Proyecto Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI, en inglés) y, como un motivo más personal, protagonizó un grato recuerdo, pues fue quien le firmó su primer carné como miembro de La Sociedad Planetaria.

Enigmas

Los misterios del universo, como el mismo Patrick dice, lo han intrigado siempre, y por eso los busca, estudia y explica en sus clases. Y aunque parezca raro en un científico, cuyas ideas deberían centrarse en lo factible, comprobable, leyes y fórmulas, confiesa que la fe lo ha acompañado desde niño. Por eso es devoto de la Divina Misericordia, cuyo librito de oraciones lleva consigo en un koala, junto a un rosario, las medicinas que consigue para su madre, de 92 años, destornilladores micrométricos y una pequeña cámara fotográfica con la que documenta, por solicitud de la NASA, las actividades de sus alumnos.

—¿Entonces, teoría del Big Bang o Creacionista?

—Ambas. Si leen con detenimiento el Génesis y el Big Bang verán que llevan la misma secuencia, solo que quienes escribieron la Biblia hace miles de años no hablaban en términos de astrofísica.

—¿Origen del hombre?

Fragmentos de meteoritos hallados en el Desierto del Sahara de Marruecos, Campo del Cielo en Argentina, en las montañas de Sijoté-Alín en Rusia, y en el río Cachirí en Zulia.

Fragmentos de meteoritos hallados en el Desierto del Sahara de Marruecos, Campo del Cielo en Argentina, en las montañas de Sijoté-Alín en Rusia, y en el río Cachirí en Zulia, forman parte de la colección de Morton

—Esa interrogante todavía no ha sido respondida. Un antropólogo, uno de verdad verdad, aun hoy no ha conseguido la conexión exacta entre el hombre y el mono, a pesar de haber excavado en los cinco continentes. Se presume que descendemos del mono, pero no hay un fósil que lo conecte y confirme 100%.

—La eterna pregunta: ¿estamos solos en el universo?

—Se presume que sí existe vida extraterrestre, pero la NASA todavía no lo confirmará ante la luz pública. Nunca he visto un platillo volador… pero sí debiera haber vida en otro planeta, al menos si consideramos la ecuación de Drake, director del programa Seti, que sondea el espacio tratando de detectar señales de inteligencia de otras galaxias o planetas. Hasta ahora solo se han podido hallar casi 30 señales, pero no se han logrado confirmar porque no son repetitivas, siempre son de un diferente punto del firmamento. Una de esas señales fue la famosa Wow!, descifrada en 1977 a través de una ecuación matemática que representa, hoy por hoy, el único mensaje cuyo origen podría ser extraterrestre. Y en ese gran hallazgo se inspiró la película Contact.

Absorto en el tema, Patrick reitera que esas 30 señales lo llevan a creer que sí existe la vida más allá de nuestra Tierra. —Y todas esas investigaciones se han publicado, pero la gente no las lee porque está pendiente de crímenes, farándula o dimes y diretes de políticos —lamenta.

Segundos después, enseña una maqueta que hizo con material reciclable para mostrarle a sus pupilos cómo es la superficie de Titán, el mayor satélite natural de Saturno, mientras se refiere al preocupante -y poco debatido en Venezuela- calentamiento global:

—El calentamiento global es una verdadera preocupación de la NASA, en especial si nos vemos en el reflejo de Venus, que era un planeta, por así decirlo, más bonito que la Tierra, y ahora es un planeta infernal con temperaturas promedio de 480 grados centígrados, volcanes en erupción y presión atmosférica intolerable para el humano. Las naves que aterrizan ahí se desintegran en una hora.

Uno de los alumnos de Patrick en el salón de clases

Uno de los alumnos de Patrick en el salón de clases en Los Robles

Por eso, enfatiza, EE UU, Rusia, China y Japón se turnan para enviar naves a Venus y poder estudiar qué le sucedió, y así evitar que ocurra lo mismo con la Tierra.

En alguien como Patrick no extraña saber que su película favorita, en la actualidad, sea El Marciano (The Martian), aunque la que ocupa el sitial de honor en su repertorio es Cleopatra, aquella protagonizada por Elizabeth Taylor en los 60. Y si le preguntan por lecturas, tampoco asombra que su respuesta sea: libros de paleontología, astronomía e historia, donde su preferido es El día más largo, que narra la memorable batalla de Normandía, donde participó su padre.

Pero algo que sí podría extrañar a algunos es que Patrick, desde su infancia, sea un cazador de meteoritos:

—La búsqueda de meteoritos no es tan complicada, se aprende en cursos donde explican toda la teoría y después organizan grupos de búsqueda. Para la cacería se utiliza un imán de corneta, al que se le amarra una cabuya y se arrastra por el suelo. Las piedritas que se adhieran son, muy probablemente, meteoritos, porque tienen alto contenido de hierro. Aquí (en el salón) se les hacen pruebas mínimas, pero si se quiere estar más seguro se envían a EE UU para certificar su origen.

»Los meteoritos suelen encontrarse en terrenos sin mantenimientos, deshabitados, aquellos que no han sido muy afectados por el hombre, donde permanece todo lo que cae en ellos. Y al menos una vez al mes caen, por lo general entre la medianoche y las 5.00 de la mañana. En cualquier parte caen. Y aunque ese descenso puede apreciarse a simple vista, la observación se dificulta por la contaminación lumínica.

»En Cabimas, una familia encontró un meteorito y lo tiene en exhibición, otro está en una casa en Machiques de Perijá, y aquí, en el liceo Los Robles, hemos localizado tres. Yo solía organizar expediciones nocturnas para ir con mis alumnos a buscarlos, pero esas actividades culminaron hace años debido a la inseguridad.

Lo que no ha terminado ni lo hará pronto es la belleza con la que Patrick comprende y transmite la ciencia a todo el que desee escucharlo. Aún hoy, a sus 61 años, lucha para que la astronomía tenga un puesto respetable en nuestras instituciones académicas. Y sobre eso, ya resignado, comenta:

—Aquí no enseñan astronomía en ningún colegio. Y en el ámbito universitario, LUZ da astrofísica, lo más cercano a la astronomía, en la carrera de Física, pero hasta ahí llega, porque no hay más posibilidades de avanzar en ese tema.

»En Venezuela tenemos los observatorios Cagigal (Caracas), Cida (Mérida) y el planetario Simón Bolívar (Zulia), pero sin explotarse, sin astrónomos ni suficiente inversión. Por eso, todos mis alumnos que han querido ser astrónomos han tenido que irse a estudiar en otro país.

Si le preguntan a Patrick sobre dinosaurios, tendrá mucho qué decir; si le preguntan sobre el efecto invernadero, también; igual si lo cuestionan sobre fenómenos astronómicos, vida inteligente fuera de la Tierra o cualquier otro tema atípico para nuestra sociedad. Por eso en esta historia, en su espacio, pueden justificarse tantos adjetivos “único”.

—¿Te consideras extraño?

—Aquí, en el liceo, los compañeros de trabajo me consideran… diferente. Me ven como un extraterrestre —dice entre risas—. Desde que estoy acá me han tratado de poner asistente, pero nadie llega a los seis meses, porque no soportan el ambiente: en una esquina verás a alumnos inventores que conversan en sus términos, lo que molesta a algunos profesores porque no saben si dicen groserías o les toman el pelo; en otra verás a un niño prender fuego, mientras otro rompe una piedra, y otro más allá ocasiona que la lava volcánica creada se derrame por tooodo el salón… Por eso siempre ando con la ropa destrozada.

Y es que muchos de los colegas de Patrick no lo entienden, pero sus estudiantes, entre niños y adolescentes, lo perciben de otra forma, una muy distinta, una donde logran mezclar la educación con la diversión para hacer ciencia.

Lo incomprensible suele verse como algo extraño, raro. Y eso sucede con Patrick.

Lo dejo mirando el monitor del radiotelescopio. Esperando alineaciones astrales. El mundo necesita más extraterrestres.

El Club de Astronomía de Los Robles recibió una mención en un programa televisivo estadounidense llamado Aventuras Cósmicas. El mensaje puedes verlo en el minuto 4:27 en el siguiente video.

 

Estudiantes de 5to grado construyen cometas con los mismos componentes químicos de uno real

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Único casco original en Venezuela de un astronauta qué pasó tres días en el espacio.

Único casco original en Venezuela de un astronauta qué pasó tres días en el espacio

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Prototipo de nave de la NASA creada por Morton y sus alumnos

Prototipo de nave espacial de la NASA creada por Morton y sus alumnos

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Vlastimil Morton, padre de Patrick, perteneció a los bombarderos de las Reales Fuerzas Británicas durante la Segunda Guerra Mundial

Vlastimil Morton, padre de Patrick, perteneció a los bombarderos de las Reales Fuerzas Británicas durante la Segunda Guerra Mundial

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David Contreras

Fotos: Estefanía Reyes/ Cortesía Club de Astronomía Los Robles

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