De Interés: la tolerancia sin tortura (María Elena Araujo Torres)

De Interés: la tolerancia sin tortura (María Elena Araujo Torres)

María Elena Araujo Torres

María Elena Araujo Torres

Ciertamente es poco fácil tolerar muchas situaciones vividas a diario. Hace falta una altísima capacidad de calma y paciencia para poder digerir las acciones de tantas personas con quienes interactuamos personalmente o a través de medios tecnológicos.
Notamos la insistencia difundida a través de las redes sociales respecto a la importancia de procurar asumir conductas que propendan a la paz y al amor por el prójimo, sobre todo cuando este esté conformado por personas agresivas, temperamentales o poco agradables con quienes les rodeen.
Es una especie de campaña hacia la paz personal, partiendo de la premisa de que debemos empezar por cultivar individualmente aquello que queremos ver reflejado en los diferentes espacios sociales circundantes. Tanta insistencia tiene un trasfondo: la mayoría de la gente quiere tranquilidad, detesta los conflictos, incluso quienes viven entre conflictos y los propician.
Se recomienda la tolerancia, aunque muchos de quienes lo hacen, solo escriben, difunden y ante la menor provocación en su propio cotidiano, exploten y sean capaces de insultar u ofender a quienes consideren contradiga sus opiniones o sencillamente les interrumpa el paso. Muchos lectores critican esas conductas. De quienes exhortan a asumir determinadas conductas y en sus propias vidas están bastante alejados de sus enunciados.
La tolerancia es la que nos permite vivir en armonía con personas que comulgan en diversas religiones, tienen otras tendencias políticas, una condición sexual diferente u otras preferencias personales.
Es un comportamiento o acción a desarrollar en nuestros hogares, con quienes más queremos, como nuestra familia y amigos. Hasta allí pareciera ser fácil. Sin embargo, por la confianza podría hacerse difícil, cuando lo más fácil es reclamar o discutir con quienes consideramos tener suficiente confianza para poder ser airoso o altanero.
Los expertos consideran que no hay tolerancia sin agresión, mejor dicho que sólo se puede ser tolerante frente aquello que nos molesta, con lo que no estamos de acuerdo pero que se acepta por respeto al otro. La tolerancia por respeto al individuo que se podría formular como que: no estamos de acuerdo pero respetamos tu opinión.

Sin embargo, la cuestión va más allá, cuando la tolerancia puede dañarnos, cuando se aparenta ser tolerante pero se convierte en una tortura personal para aparentar que todo está bien cuando realmente está causando daños. Entonces se convierte en malestar que genera mayor intolerancia pues al no ser manifestada se convierte en rabia reprimida que es peor.

Si asumimos que las experiencias son aprendizajes para saber vivir o sencillamente para vivir, entonces es importante incluir la tolerancia como una de las principales lecciones a asimilar y practicar, pero de verdad, sinceramente, tratando de ser suficientemente humilde para entender que la intolerancia es producto de prejuicios propios de personas con elevado grado de egoísmo, complejo de superioridad y desprecio por quienes difieren de sus conceptos u opiniones, cuando realmente lo que tienen son intrincados complejos desarrollados desde la infancia, por diversas circunstancias, donde la carencia afectiva (no te quiero si no aceptas mi forma de ver la vida) y los miedos a enfrentar un mundo con múltiples diversidades, han jugado un papel preponderante.
Al camino hacia la tolerancia es importante incluirle: intentar relajarse y entender que es imposible que todos coincidamos en una misma posición ante determinadas situaciones, que tengamos la misma opinión, sobre todo si consideramos la formación personal, el hogar donde nacimos y las circunstancias que nos rodean en el transcurso de nuestro desarrollo como seres humanos.

María Elena Araujo Torres