“Allá la cosa está buena” (Josué Carrillo)

“Allá la cosa está buena” (Josué Carrillo)

Josué Carrillo

Josué Carrillo

Me levanto a tientas. Me he quedado dormido con las medias puestas. Ahora no encuentro las chanclas. No están. Creo encontrarlas bajo la cama, pero, no estoy en la cama. Recapitulo, me he quedado dormido en el sofá. Hasta las 3 y 40 am escuchando los autos imitar el alarido de los perros, mirar el titilar del bombillito del celular que se adueña de la habitación, los tonos de recibir en los chat de la familia y del trabajo. Miro con desgano las cosas de siempre. Voy a los videítos guardados.

La poeta, Darimar, ha compartido canciones hermosas, tal vez conocidas aquí solamente por ella. Atrayente me saca una sonrisa. Es como besarse a escondidas. Es de mil 800 y yo apenas la voy escuchando. Me reclino del lado derecho. No sé qué hacer con tanta noche.

Llegué a salvo a las 5 am. De un salto estoy en las 8 am frente a la carnicería porque debo dejar “salao” para el almuerzo. La veo venir por la acera. Trae una bolsa de pan y una garrafa de jugo de naranja – o lo que pretenden vender como jugo -. Una señora le pregunta que a cómo. Ella responde a 25. Un taxista se estaciona, se suma a la espera. Ella lleva una franela roja con una frase en inglés, jeans ajustado. La cara limpia y en cola de caballo una cabellera negra y espesa. Habla con el taxista. Intercambian eso que todos intercambiamos ahora:

– No se consigue desodorante
– ¿Ves cuánto vale un cartón de huevos?
– ¡Dos mil bolos un kilo e´queso! ¡Qué barbaridad!

Ella se queja, las cejas se le arquean en contrariedad. Descansa en turnos las piernas como una potra. El taxista la mira. Yo la miro. Abren las santamarías. Desatiendo su voz un momento. La escucho otra vez cuando dice “allá la cosa está buena”. No puedo controlar la curiosidad de saber dónde. Me dice sonriendo “en Panamá”. Sigue con sus disgustos. Refunfuña:

– Yo no puedo hacer colas
– Yo tengo cuatro muchachos en casa
– Tres niñas y el bebé, dice

El taxista observa lo mismo que yo:

– Los labios llamando un beso
– La cintura invitando a la cama
– Los muslos anunciando el cielo

Me viene de golpe la canción de Tío Simón. Soy ahora el amigo que mira a Mercedes bañándose en el río.

“Que yo corra a avisarle, muy difícil me resulta”. Ella dice que su esposo tiene una Vans. Se queja ahora de los precios de los repuestos y de que el tráfico no da nada. Yo escucho como retumba su voz cuando dice “allá la cosa está buena”.

Pienso en lo valiente que son algunos hombres, como el marido de Ella que se ha ido al centro de la rumba, al país de La murga en busca de oportunidades y la deja a Ella aquí en las dificultades, en el apremio, en el no hay, en el no se consigue, en el vendrá esta madrugada la bendita agua… el taxista paga por un kilo de bistec, Ella paga por 5 chuletitas de cerdo, la miro, miro el caimán que mide más de 20 cuadras, se abre la puerta del chevetico bien equipadito, oloroso a espray de flores, no dice nada, Mercedes es bella cuando se baña y bella cuando sonríe, sabe que la invitación está hecha, sube al chevetico.

¿hacia dónde, linda?

– Donde tú quieras.

La cosa está buena en Panamá y, por lo que veo, con todas las dificultades, con todas las vicisitudes, los días prometen. ¿O no?

Josué Carrillo

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